jueves, 19 de febrero de 2026

TRES POEMAS DE ESTOS NUEVOS TÓPICOS DE MIGUEL CASADO

 






CITAS clandestinas junto a la vía,

preguntaban si estaba bien, si comía algo,

tenía dónde dormir. Veían que seguía libre.

Era de noche, llevaban un bocadillo. Y luego

tantos años son casi imágenes, no sé

si fue demasiado pronto, y también ahora

demasiado tarde. ¿Termina la infancia

si no se ha consumido entera?, ¿queda

encendida, penumbrosa,

la helada luz?



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SE me saltan las lágrimas casi

sin estímulo «es que me emociono»,

decía mi padre en sus últimos años.

Me pasaba antes con las escenas

de masas, las que asumían riesgo

y firmeza, algo que ocurría en la calle

con palabras en voz alta. Pero ahora

también los individuos, un punto

inflexible en ellos, no dejarse

doblar, un recuerdo, o apenas una historia que llegue

a tener su perfil, la identidad de un momento.

En el ordenador voy encontrando y guardo

cronistas de lo ancho del mundo, pequeños

apuntes y fotos, hacer trabajo del persistir,

anotar la resistencia. Las pequeñas tiendas

de plástico, colores de una excursión, y la enorme

laguna de Idomeni cuando llovía, el humo

de los gases posaba muy delgada

columna en el suelo estéril; hay mar

y tierra, naves portuarias, chalecos

y ríos crecidos, alambres de varios tipos

tejen vallas. Por eso guardo

los enlaces. Por si no hubiera otro

futuro que el tiempo que tarden

en pasar de moda, el tiempo para darse

la vuelta, acudir

a otra emergencia. El tiempo

que tardaré yo, el que dure. Así

voy, atento y sin rumbo,

sentado ente la mesa de madera clara,

el cuaderno rayado. La botella,

también, de agua, que va bajando de nivel

y luego se repone.



―――――――――――



ESTUVIMOS acompañados por los muertos,

aunque los mencionamos escasas veces.

Hacía tiempo que no nos veíamos

y las cervezas y el vino, el bacalao

y los timbales de ensalada, algunas risas,

relatos de la época, venían con su presencia.

Como en las páginas de la agenda,

cuántos muertos cercanos. O en el espejo,

cuando mi padre viene de pronto a verse en mí.

Los menos recientes entraban en la conversación,

los evocábamos al hacer memoria

de una anécdota, un día en que ahí estaban.

El nombre atraviesa el duelo,

señala la perfecta continuidad,

la alternancia que tenemos con ellos.

No hay más aquí que allá.




Miguel Casado

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