Con los primos en la nieve, del archivo de Pablo Müller |
“El
lenguaje es un hecho crucial pero nunca definitivo.” En cuanto sigas leyendo La bicicleta del panadero
entenderás el porqué. Prosigue Juan Carlos Mestre: “Mi trabajo ha consistido en amar día sí y día también a una señora
muy alta…” Y espero que el tiempo del verbo no remita a una ruptura
sentimental.
Las encuestadoras recogen a las niñas en las piscinas
y les dan bocadillos de abrazos y maleza. Las niñas en las piscinas beben el
refresco prófugo del final de la infancia. Al final de la infancia hay un mantel
de cuadros y encima todas las calabazas de enero.
Al final de la infancia podemos encontrar “Un anodino poema sentado sobre el
crepúsculo” que nos advierte que “No
quisiera ser descortés e importunarles con mi biografía”, pero la biografía
de uno es la conciencia escrita, y en todo caso el poeta no es descortés ni
importuno, porque para escucharle hay que abrir primero el libro. Y como lo
hemos abierto hemos leído: “…pero en
caso de que pudiera demostrarse que todo el pensamiento acumulado en los libros
ha sido soplado silbado cantado al oído del adorno de los pájaros de lo
antiguamente…” y en esa constatación, o al menos duda, entiendo a los
pájaros de lo antiguo que manejan la información privilegiada de las palabras.
el resto desconocido del ADN que no pasa el día en el trabajo sucio de las
proteínas, y nos devuelve la otra percepción del hombre que dijo poesía, que
dijo peso, que dijo memoria y después fue desalojado por los sicarios de la
palabra única. “La poesía pesa más que
la memoria que desaloja”
El peso de la poesía es mayor que el de la memoria
desalojada para su manufactura… entonces ¿qué se añade?
Se añade la conciencia. Y con ella la voz de protesta con la
que acaban los poemas, hecho comprobado, establecida su veracidad, para añadir
que el mundo ha llenado de dolor los bolsillos de los nuestros, y a su muerte,
sus vivos les debemos el vacío: poner con cuidado y en orden el dolor sobre la
mesa del velatorio. Los poetas, como Juan Carlos, toman la palabra y lo
incluyen en el inventario.
“No hay casa
grande para la madre del olvido…”
Madre Nieve nació en la casa grande frente al llamado palacio, al que entraba
con la agachadura de los sirvientes… Así se hereda la servidumbre en las
estirpes: a los palacios y al dolor de Pablo Müller.
Declara Juan Carlos Mestre que “Los parias y los perros y las aún más fáciles estrellas que bajan a
las acusaciones son mis capitanes.” y a esa compañía me alisto. Como me
apunto a la espera de “la nieve sobre el
padre del sueño…” necesario resumen con que recibir el invierno en la
poesía.
La bicicleta del panadero.
480 p. 2012.
ISBN
978-84-8359-238-0. 25,00 €.
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