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viernes, 15 de mayo de 2026

PESADILLA DE PROFESORA DE SILVIA FEDERICI EN YUYU, FLORES Y POEMAS

 






Pesadilla de profesora



Estoy en clase

pero no hay paredes.

Mis estudiantes están sentados alrededor de la mesa

aunque no los reconozco.


Uno se ríe sin parar

me acerco a él

le digo que pare pero él sigue

le doy una bofetada y los demás se desperdigan.


Vuelvo hacia la escuela

por la ladera de una colina

empujando la bicicleta por el fango

empujando, temiendo, sabiendo

que nunca

llegaré a tiempo

a mi clase.


De repente estoy perdida

rodeada de casas de colores

con forma de cubo.

El aire es claro, húmedo, transparente.


Estoy sorprendida, eufórica

me adentro en un haz de luz

consciente de que nunca llegaré a clase.


Brooklyn, 1990




Silvia Federici

y Begonia Santa-Cecilia

Yuyu, flores y poemas


La oveja roja





viernes, 16 de enero de 2026

BIENES DE MARI LUZ ESTEBAN EN EL MANIFIESTO DE LAS MUJERES VIEJAS

 






bienes



tenía desplegadas sus cosas

por toda la casa


unas pocas joyas en un caja de madera,

el collar que le regalaron sus colegas en la jubilación,

unos pendientes buenos, el anillo con la esmeralda que

[le regaló nuestro padre,

la mantilla que había llevado a misa

y los pañuelos con sus iniciales bordadas

encima de los camisones de encaje


todos sus muertos descansaban en paz

bien rodeados de parientes y amigos

en la caja de colacao gris metálica

donde guardaba recordatorios y fotografías en blanco y negro


los manuales de los electrodomésticos y las facturas

se iban acumulando en el cajón de la cocina,

las recetas y notas pequeñas

escritas con letra de maestra

esparcidos por aquí y por allá,

y la cafetera italiana


el jarrón de cristal y la planta gigante

de hojas verdes que dura todavía,

las novelas de Ana María Matute,

Carmen Martín Gaite y Agatha Christie


la vajilla que compraron al casarse,

las agujas de punto de hierro, ovillos viejos de lana,

manteles y servilletas de punto de cruz


ahí vivo yo, en el regazo de todos esos objetos




Mari Luz Esteban

El manifiesto de las mujeres viejas


La oveja roja






miércoles, 23 de abril de 2025

TRES POEMAS DE ÁNGELA MARTÍNEZ FERNÁNDEZ EN HURACANES EN LA PERIFERIA






SI SE SUBE AL ANDAMIO

y le dan convulsiones

ningún escritor va a contar su historia



porque la literatura, casi siempre, deja caer una sábana

sobre el cadáver de los obreros muertos


así nadie sufre

ni se entera

ni se quiebra el papel con historias poco interesantes para

la gente que se regodea en la puerta de las facultades

o en la Fnac


la literatura


casi


siempre


(he dicho casi siempre por temor a que nadie lea nunca este

poema)


olvida contar las convulsiones

de nuestra clase social.



―――――――――――



«Yo nací un días

que Dios estuvo enfermo,

grave.»

César Vallejo



YO NACÍ UN DÍA EN QUE EL PESET ESTABA LLENO

y mandaron a mi madre a otro hospital

como si hubiese ido a pedir mesa a un restaurante y no

tuvieran sitio libre.


Mi infancia me tintó las pupilas de

blanco y negro

igualitas al uniforme de los camareros que a todas horas de

blanco y negro

pasaban por delante de mis ojos.


Me convertí en equilibrista de las barras

y mamá

con cara de camarera

con cuerpo de camarera

con manos de camarera

me levantaba a pulso para que viese cocer el arroz.


El presente

es un pozo confuso donde habita la niña que fui y mi con-

ciencia de clase.

Por culpa de sus gritos

nunca duermo

ni me adapto.



―――――――――――



EL CÁNCER NOS HA DEJADO LA CASA VACÍA

sin un lugar donde agarrarnos pienso

que no verás crecer todo tu esfuerzo

ni a tus hijos

ni a nosotros

que te quisimos como a un padre siempre


hay un hueco en el centro del salón que no se ve pero

cuando me siento ahí

justo

ahí

me cuesta respirar y la ansiedad me llena el pecho de

recuerdos


El cáncer nos ha dejado al casa vacía

y a mí

casi

casi

sin nada que decirnos.




Ángela Martínez Fernández

Huracanes en la periferia


la oveja roja


 

martes, 7 de noviembre de 2023

UN POEMA DE GSÚS BONILLA EN EL MUNDO FLORECE PARA SER ESCRITO

 




 

 

DEJAD EN PAZ DEL HOMBRE LA CORTEZA QUE SALE EN SU DEFENSA

desistid en atizar a este tizón incandescente

que se pierde inmediato en la senda de su frío

y hágase presente

la delicada piel de la palabra hierro

 

Con esta madera muerta cargo

y asciendo arácnido por la hebra de hilo, el edificio

y los cartílagos

 

si algo forma parte del entorno, eso soy:

ungüento y aceite. Pócima

ahora, que la procesionaria no hace tanto estrago

y no encuentro historiales de roturas

 

Cuando despierte cerraré el trato

desconozco a dónde iré con este daño y la boca partida

si no es hacia otro punto cardinal oculto en la superficie

[del espejo

y el reflejo que me atiende esta mañana dirige la vista hacia

[otra latitud

 

aseo mi barba, aseo mis dientes, aseo

la oquedad de mis oídos

por asear aseo el cabello lacio y casposo

ápice y penacho

que embellece a una mazorca

 

cuánto aseo, me pregunto, para tanta fisura

[interminable

sin embargo, sigo percibiéndome desagradable

[en mi

caligrafía de escarabajos

 

Indago en la rebañadura de las uñas

no sé qué raíz encontraré

o semilla olvidada antaño

cerca de la roca original

 

me reservo mi derecho micelar a fabular

en el compromiso del poema

 

mi madre es una Araucaria que vuelve

[a guiñarme un ojo

y tarde o temprano sé que me comeré

[sus párpados.

 

 

 

Gsús Bonilla

El mundo florece para ser escrito:

Cuadernos de un ecosicario

[La negligencia del jardinero]

 

La oveja roja


miércoles, 1 de noviembre de 2023

VENDRÁN A POR NOSOTROS UN POEMA DE BELÉN GARCÍA NIETO EN A 6.000 METROS DE PROFUNDIDAD

 


 

Vendrán a por nosotros

 

 

Vendrán a nuestras casas,

vaciarán los armarios,

se llevarán las fotos,

los cuadernos,

las canciones.

Aniquilarán los tímidos flecos de cielo

que asomen por la ventana.

 

Sacarán a nuestros hijos,

acabarán con los pájaros que brotan de sus gargantas,

matarán las lunas en sus cabezas,

y los latidos del pecho,

y las bellas palabras,

el lento y delicioso sonido del aire en el estómago.

Robarán el corazón de sus manos.

 

Nos darán golpes hasta en los huesos,

devorarán la carne que sujeta los dientes.

 

Nos meterán presos,

y, cuando ya nos quede nada,

dirán que son peligrosos,

nos asfixiarán hasta la muerte.

Y       será legítima,

y      necesaria,

y      nadie la recordará.

 

 

 

Belén García Nieto

A 6.000 metros de profundidad

 

La oveja roja


miércoles, 2 de septiembre de 2020

FRAGMENTO DE SÍLITHUS DE ENRIQUE FALCÓN


 

 

 

[ click!] en aquel tercer día

cuando la revolución alcanzó su término

 

 

 

Aquí la anciana no dice —«he aquí una anciana»,

el anciano no dice —«he aquí un anciano»,

en Sílithus el muerto no dice

—«he aquí uno que no ha vuelto».

Nadie dice —«he aquí un perseguido»,

no hay nieve ni hay lluvias torrenciales

que oculten la tumba del rebelde

—el lobo no acorrala al cordero

y una niña pequeña ahora juega con los dos.

Aquí el varón no dice — «he aquí la mujer que hubimos matado»,

aquí el hombre del norte no dice — «este es el curso del río que nosotros torcimos»,

la piedra desechada ya ha sido recogida

y un niño recién destetado ahora mete su mano en las perforaciones de un tanque:

útero y ataúd descansan en las lindes del bosque.

Nadie nos ha dicho

— «este es el choque, este es el anzuelo con que atragantamos a vuestros padres»

— «esta, la silla de la oficina»

— «este, el final de su esperanza»

— «aquí veréis ahora

toda la dote de un mundo apagado».

Aquí nadie dice

que quien ha conocido el mundo ha encontrado un cadáver         [Tomás]

porque la fe resplandece en la cocina

la esperanza reposa en un plato:                                               [Tertuliano]

nadie vierte en ellos el alcohol de la derrota, nadie dice

— «este que bebemos es el alcohol de la derrota».

Aquí la anciana no dice —«he aquí una anciana».                       [tabl. Enki]

Y el anciano no dice —«he aquí un anciano».

En Sílithus el muerto no dice — «este es uno que se ha muerto».

 

Un jergón disponible.

Velas para un extraño.

 

Que desciendan, que miren, que recuerden:

aquí masticamos el pan de las montañas

como otros masticaron el pan de los tristes.

 

Ni siquiera ahora,

con alivio,

reconocemos las filmaciones de córtex

cuando en ellas depositábamos

el reposo feliz y la dicha completa:

todo abruma y nada dicta

lentamente lo que quiera venir:

el chasquido final que enraíza en las horas.

 

Por todo alivio sabemos

que la lengua

que la lengua de Quien Miente

no les habla ahora a nuestros hijos

y quien hoy sujeta un arma

nada tiene entre sus manos.                                                              [Blyth]

Nosotras ensanchamos el espacio de la hoguera.

 

Hacíamos todo el esfuerzo posible

para no perturbar las plegarias del viento,

la indulgencia del suelo, el respeto a la asamblea

y ese hilo que sin prisas nos conduce al amor.

 

 

 

Enrique Falcón

Sílithus

 

La Oveja Roja


lunes, 31 de agosto de 2020

LA MUERTE DE MI MADRE ME HIZO MÁS LIBRE DE MARI LUZ ESTEBAN


 

 

 

La muerte de su madre la hizo más libre

 

 

Sus fervientes discusiones de años y años son el

punto de partida.

 

En el cara a cara con ella comenzó a aferrarse a

sus ideas, a construir su propio mundo. Contra

ella pero, de alguna manera, con su permiso,

ahuyentando el miedo a los regaños, ensanchó su

capacidad de decisión.

 

En ausencia de la madre, liberada ya de justificarse

ante ella, fue más libre.

 

Y ahora, en la cruda urdimbre de la añoranza y la

libertad, sabe que su madre la parió por segunda vez

el día de su muerte, y la obligó a mirar a su hijo.

 

Y ahora, al mirar a su hijo, se le ocurre que acaso su

muerte será también abono de libertad, y pensarlo,

debe reconocerlo, le provoca un agudo dolor en el

vientre.

 

Mientras tanto, lo acaricia y lo mima, comparten

risas y lecturas, y discusiones apasionadas,

inclementes. Con la esperanza y el temblor de que

también el hijo aprenda así su libertad.

 

 

—————————————————

 

 

Al morir mi madre

su ausencia

tomó la forma de una niebla fina

ante mis ojos

una neblina que fue mi compañera

durante meses, años.

 

Al morir mi madre

el fuego heló mi corazón y

mis extremidades se adormecieron

con el crujido de la metamorfosis

que había de llegar.

 

 

—————————————————

 

 

Pero,

lo confieso,

la muerte de mi madre me hizo más libre

para poder reinventar mi propio camino

¿qué otra cosa es la vida?

en el dolor de los dolores

¡ay, misterio de las paradojas!

me regaló la posibilidad

de nacer por segunda vez.

 

 

 

Mari Luz Esteban

La muerte de mi madre me hizo más libre

Amaren heriotzak libreago egin ninduen

 

Traducción de Mari Luz Esteban con la colaboración de Eva Fernández y Miren Agur Meabe

 

La Oveja Roja