Mostrando entradas con la etiqueta Editorial Renacimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Editorial Renacimiento. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de noviembre de 2024

LA CHICA DE LA MALETA UN POEMA DE ÁNGELES MORA EN LA SAL SOBRE LA NIEVE

 



 

 

 

LA CHICA DE LA MALETA

 

 

 

Esta fría mañana tan cerca de diciembre

no tomé el desayuno, no he leído el periódico,

no me metí en la ducha después de la gimnasia

(esta oscura mañana no quise hacer gimnasia),

no subí la persiana para asomarme al cielo

ni he mirado en la agenda las promesas del día.

Esta dura mañana con su duro castigo

he roto algunas cosas que mucho me quisieron

y salvé algunas otras porque duele mirarlas.

Me estoy haciendo daño esta mañana fría,

quisiera destruirme sin salir de la cama

o encontrar la manera de dormir un momento.

 

Cuando menos lo esperas, suele decir la gente,

la sorpresa aparece con sus dientes de anís.

Cuando menos lo esperas, si te fijas un poco,

verás que el aire lleva gaviotas y mensajes…

más ya no van conmigo esos viejos asuntos.

El aire arrastra lluvias y tristezas heridas

y yo no quiero verlo cruzar como un bandido

tan guapo y tan azules sus ojos venenosos.

 

Esta fría mañana tan cerca de diciembre

cuando rozan los árboles de puntillas las nubes

junto a tanta miseria, tan helada ternura,

yo dejo mi impotencia, mi personal naufragio

entre estos blancos pliegues olvidado…

Aunque mi cuerpo caiga doblemente desnudo

en ese traje roto que luego es un poema.

Aunque otro sueño baje su luz por la almohada

y ya no te despierte mi voz en el jardín.

 

 

 

Ángeles Mora

La sal sobre la nieve

Antología 1982 – 2020

 

Edición de Ioana Gruia

 

Editorial Renacimiento


martes, 28 de junio de 2022

APUNTE CALLEJERO DE OLIVERIO GIRONDO EN CALCOMANÍAS POESÍA REUNIDA 1923 - 1932

 

 

 

 

APUNTE CALLEJERO

 

 

 

EN la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.

 

    Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar… Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda…

 

    Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.

 

 

 

Oliverio Girondo

Calcomanías [ Poesía reunida 1923 – 1932 ]

 

Editorial Renacimiento


sábado, 15 de enero de 2022

TRES POEMAS DE ROJO-DOLOR ANTOLOGÍA DE MUJERES POETAS EN TORNO AL DOLOR

 

 

 

 

AMALIA BAUTISTA

(1962)

 

 

AL CABO

 

 

Al cabo, son muy pocas las palabras

que de verdad nos duelen, y muy pocas

las que consiguen alegrar el alma.

Y son también muy pocas las personas

que mueven nuestro corazón, y menos

aún las que lo mueven mucho tiempo.

Al cabo, son poquísimas las cosas

que de verdad importan en la vida:

poder querer a alguien, que nos quieran

y no morir después que nuestros hijos.

 

(Cuéntamelo otra vez, 1999)

 

 

—————————————————

 

 

ANA ARES

(1971)

 

 

PARA HACER EL VACÍO

 

 

Hágase un agujero

en un objeto hermoso.

 

Para ello, busque siempre

recónditos auspicios de dulzura,

una pequeña mancha o picotazo.

Es bastante una peca o un lunar,

una boca, un oído.

 

—Valga también

allí donde una arruga

revele el material más delicado—.

 

Perfore lentamente.

Hágalo un arte.

Aplique entonces

su completa intención sobre la llaga.

Pegue los labios, selle la hendidura

y que ya nada entre ni salga del objeto

si no lo da su boca o lo requiere.

 

Libre, pero inocule.

 

Una promesa ahuyenta

durante días la coagulación.

Que sea su saliva un agua escurridiza

que no solidifique,

ni deje opción alguna

a instantes posteriores.

 

Deténgase cuando el objeto pierda

el contorno admitido de su forma,

cuando sea

cualquier otra cosa.

 

(Atreverse al mar, 2008)

 

 

—————————————————

 

 

MARÍA GARCÍA ZAMBRANO

(1973)

 

 

[SOY LA DULCE LETANÍA DE LOS NIÑOS MUERTOS…]

 

 

Soy la dulce letanía de los niños muertos en este hospital.

La silenciosa que seca sus lágrimas.

La que reza por cada neonato.

 

Soy el asombro del miedo        el ahínco

el paso firme por baldosas que se mueven.

(Mis labios pueden amar la espina

besar los bordes afilados de la rosa).

 

Soy la madre asistida por la madre

y firmamos el armisticio con los bisturíes.

(Mi cuerpo se bate contra la patología).

 

Soy la escriba que registra el latido

de una vida encarnada en la magia.

(Las manos no se ahogan en un mar que anega

camillas y goteros).

 

Soy recipiente de un líquido inflamable.

La tierra el surco el árbol

la luz alógena de este amanecer.

 

(Hundo mis pies en lo real y te libero, hija mía,

de los falsos sabios).

 

(La hija, 2015)

 

 

 

Rojo-dolor

Antología de mujeres poetas en torno al dolor

 

Edición de Ana Castro

 

Editorial Renacimiento


sábado, 4 de diciembre de 2021

CANTO REPETIDO UN POEMA DE MIENTRAS DURE LA LUZ DE DIONISIA GARCÍA

 

 

 

 

CANTO REPETIDO

 

 

 

Impregna la mirada y siempre es el primero,

he cantado su luz, el color de las aguas

y el engañoso rizo de la orilla.

Cuando el agua se aquieta, por las noches,

añoro su presencia callada e insistente.

 

La alborada descubro, luce sobre la arena.

Los temblores del sol hasta que el día nace.

Caminar en silencio tan temprano

era un lujo dichoso de aire puro.

El pecho se rociaba de ese primer fulgor

y crecía el impulso, la emoción contenida.

 

Siempre entraba en el agua, sigilosa,

y las manos manchadas de arena que fue tierra.

Con apego, «los mares» junto a mí se quedaban,

en la constante lucha de quien nos desconoce.

 

Hoy miro con nostalgia lo infinito;

ya no hay lucha ni entrega,

ni me levanto, diligente, al alba.

Busco en el mediodía las aguas, su sosiego,

para gozar ahora de este trecho de vida.

 

Que no se desperdicie cuanto queda.

 

 

 

Dionisia García

Mientras dure la luz

 

Renacimiento


martes, 14 de septiembre de 2021

CINCO POEMAS DE HERIDAS DE JESÚS AGUADO

 

 

 

 

XII

 

 

Esa palabra rota,

la que vas a tirar,

dámela a mí:

 

 

XVI

 

 

Me está grande el jersey.

Me están pequeños los zapatos.

 

Ni yo soy de mi talla

 

 

XIX

 

 

La fiebre pone

su manita en mi frente

 

y me receta globos y cometas

 

 

XXII

 

 

La niña.

El charco.

 

Un barco de papel.

 

El sol se para.

 

 

XXIV

 

 

Mi propia hambre

inatendida

 

cuando duermo una rata

sale de mí

y me lame los labios

en busca de miguitas

de pan o leche seca.

 

yo puedo

coserla al corazón de las palomas.

 

 

 

Jesús Aguado

Heridas

 

Renacimiento


viernes, 10 de julio de 2020

SIETE POEMAS DE HILO DE SEDA DE AMALIA BAUTISTA


 

 

 

PENSARON que era la paciente esposa

de un héroe. La que espera noche y día

tejiendo y destejiendo. La que ignora

que nunca vuelve el mismo que ha partido.

Y sólo soy una maldita araña.

 

 

————————————

 

 

DICEN que soy terrible y sanguinaria.

Muchos me temen, a otros les repugno.

No saben el dolor que me producen,

lo desahuciada y solo que me dejan,

unas gotas de lluvia en verano.

 

 

————————————

 

 

SIEMPRE creí que sólo las palabras

salían de mi boca, y que eran ellas

las que lograban aplazar mi muerte.

Hoy sé que de mi boca sale un hilo,

transparente y tenaz como un insomnio,

que te ha atado a mi vida para siempre.

 

 

————————————

 

 

CONSTRUYO mundos más o menos claros,

más o menos perfectos, más o menos

geométricos. Construyo siempre mundos

dignos de las peores pesadillas.

 

 

————————————

 

 

LLEVO al aire las cosas que debiera

esconder, lo más íntimo y oscuro.

No sólo podéis verme el esqueleto,

llevo al aire también el alma toda.

 

 

————————————

 

 

AÚN no sé qué delito he cometido,

qué es lo que estoy pagando en este exilio.

Sólo recuerdo que tejí mi tela

entre las ramas de un frondoso árbol

que se alzaba en el centro del jardín.

Estaba lleno de dorados frutos

y por su tronco andaba una serpiente.

 

 

————————————

 

 

NO sé si por maldad o por olvido

no fui llamada al arca. El fin del mundo

duró cuarenta días y cuarenta

noches. Pero alguien hizo con sus manos

la dulce balsa que evitó mi muerte.

 

 

 

Amalia Bautista

Tres deseos – poesía reunida

 

Renacimiento