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jueves, 27 de enero de 2022

SIETE POEMAS DE LAS REALIDADES EFÍMERAS DE CARMEN RAMOS

 

 

 

 

Me he cosido los ojos.

Ahora hay un pespunte entre mis párpados.

He aprendido que es exactamente así como se inventan los límites.

 

 

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Todo lo que decías sonaba a incendio,

Aunque tragaras el barro a puñados,

todo sabía a incendio.

 

Y para qué huir

si los bosques chamuscados,

si el rastro ciego de la ceniza,

si todo es hoguera,

si todo incendio.

 

 

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Se me agarran los días

desde el primer ámbar:

el océano es una cárcel.

 

Aún estoy en la orilla

y ya temo la tempestad.

 

 

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La camisa vieja de la serpiente.

La medusa a la deriva.

La apoptosis.

Petits morts,

petits morts

que acuno para mis pechos.

 

 

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Volver al arañazo —

recordar la zarpa —

invocar al animal —

la uña afilada que divide la piel en dos —

llamar a la bestia por su nombre—

llamar a la bestia por su nombre

y no tener nada más que hacer en todo el día —

invocarlo en sueños —

llamarlo al despertar y esconderte

o dejarle golosinas en su puerta

y luego robar la piedra para el ojo —

robar el agua al océano —

porque el animal te huele la herida

y la reconoce suya

y lo vuelve a hacer —

invocar al animal —

recordar la zarpa —

volver al arañazo —

 

 

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Beber en los charcos.

Conformarnos

con los espejos

mínimos y volátiles.

 

 

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La cabeza en la almohada

y vomitar demonios.

 

 

 

Carmen Ramos

Las realidades efímeras

 

Maclein y Parker


viernes, 23 de octubre de 2020

TRES POEMAS DE CUADERNO DE LABORATORIO DE CARMEN RAMOS

 

 

 

 

VIII

 

 

 

Emily Dickinson ha abierto la verja de su casa en Amberst.

 

Virginia Woolf ha comenzado a vaciar sus bolsillos de piedras.

 

Alfonsina Storni se ha dado media vuelta y camina hacia la orilla.

 

Alejandra Pizarnik ha guardado el tarro de Seconal en el cajón.

 

Anne Sexton ha quitado la llave de contacto de su coche.

 

Sylvia Plath ha cerrado ha espita del gas.

 

Marina Tsvetáyeva se ha bajado de la silla.

 

Frida Khalo pide su cama con ruedas.

 

Elizabeth Bishop jura que es abstemia.

 

Todas han vuelto para patear sus penas.

 

 

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XIV

 

 

 

Cuando hablas de la madre muerta, hablas de mi madre.

Cuando hablas de los golpes en su costado, hablas de mi madre.

Y hablas de mi madre también cuando hablas

de la que tuvo que irse de su casa, de la desahuciada,

de la que hablaba sola por la calle,

de la enferma, de la achicharrada.

Hablas de mi madre, poeta sentado en tu escritorio,

con tu bolígrafo de la suerte, con tu musiquita cool,

hablas de mi madre y de todo lo que no sabes

como si supieras, como si hubieras odiado

a este desequilibrado mundo, como yo lo odié

mucho antes de tú compraras en el chino

un cuaderno de pastas floreadas.

 

 

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LA DEPENDIENTA DE BERSHKA

 

 

 

La dependienta de Bershka

no sabe quién era Nirvana

ni por qué Kurt Cobain se quitó la vida

en una buhardilla un día de lluvia.

 

Aunque mañana tiene que colocar

en la primera batea a mano derecha

una pila de camisetas con su logo,

ella no sabe quién era Nirvana.

 

No le suena de nada.

Pone cara de póquer cuando le pregunto

y ataca por el interfono:

“Vanessa tú conoces la referencia de la camiseta de…”

 

Y me interroga con la mirada

y yo le repito “Nirvana”

y le apunto que es blanca y negra

y me pregunta la talla.

 

Y yo me pregunto si no sabe

qué aquel verano bailar “Lithium”

—con los ojos cerrados,

con aquel vestidito de florecitas—

una y otra vez, una y otra vez

hasta que me dolían los pies

—más que el alma

más que el mismo dolor—

era la única playa habitable.

 

La dependienta de Bershka

me da la camiseta.

Doce euros, me dice la cajera.

 

Y yo me llevo mi revolución

—perfecta y doblada—

en una bolsa de plástico.

 

 

 

Carmen Ramos

Cuaderno de Laboratorio

 

Ilustraciones de Francisca Alfonso

 

Poesía Feroz


domingo, 25 de marzo de 2018

UN POEMA DE CARMEN RAMOS DE PEQUEÑO TRATADO DE ETOLOGÍA




IMAGEN XVII

Hay hombres que recién parida la mañana
rasgan los charcos al caminar.
Hay hombres que cruzan las calles
mientras el semáforo permanece en rojo.
Hay hombres que intentan detener
el tráfico a su paso
y alzan los brazos así.
Hay hombres que violan a los cajeros
y huyen.

Hay hombres que parecen nacidos de una tormenta.


Carmen Ramos – Pequeño Tratado de Etología