domingo, 15 de enero de 2017

EMILIA: MADRE DE LA AUTORA UN POEMA DE CRISTINA MORANO DE EL RITUAL DE LO HABITUAL





08. Emilia madre de la autora

Mido metro y medio
pero mis pies calzan un 38,
me hicieron así para afianzarme
sólidamente sobre el suelo;
más que andar, deslizo el mundo.
Son grandes barcos
mis pies. No me tambaleo:
aguanto. Lo que más me gusta
es ver por la tele los campeonatos
de patinaje artístico.

He vivido ¿por qué?
He limpiado la casa donde nací
desde que nací. La heredarán
mis hijos: menudas piezas.
Paco es alto: calza un 46
pero es un pájaro o una flauta,
parece no casar bien con el mundo.
A Cris le puse nombre de reina,
a veces trata la gente como a súbditos;
ni su alma se ha librado del látigo.

Los hijos son tan poca cosa…
las casas, la calle del mercado,
los hospitales donde me han abierto
y me han cosido; de todos ellos saliendo
por mi propio pie, siempre;
ese esfuerzo: para sangrar de nuevo
tantas vueltas.
Las vueltas que hay que dar
para poder morirse.


Cristina Morano – El ritual de lo habitual


Amargord ediciones

sábado, 14 de enero de 2017

SEIS POEMAS DE LA CASA SIN VENTANAS DE ALBERTO GARCÍA-TERESA




 


En la casa sin ventanas,

rellenamos los colchones

con vertidos, chatarra y gases diamantinos.



Nuestra comodidad reposa

sobre mullidas montañas de cadáveres.








En la casa sin ventanas,

los censores viven dentro de nuestras pupilas

con aliento a itinerarios hendidos

y a litera.



Pero cuando alguien desanda sus pasos, rasca

los tabiques, cuestiona

el reparto de mantas

o la estructura de las prótesis,



desnudas sus colmillos,

electrifican el encierro

y colocan silencios para que el olvido carcoma

lentamente

toda posible cicatriz.









En la casa sin ventanas,

un atlas es

literatura fantástica.








La casa sin ventanas

está repleta de espejos.









En la casa sin ventanas,



comemos

de cara a la pared,



reflexionamos

de cara a la pared,



amamos

de cara a la pared,



reivindicamos

desafiamos

imaginamos

nos medimos



de cara a la pared.









También edificamos

una casa sin ventanas

bajo nuestra piel,

dentro de una casa

sin ventanas de una casa

sin ventanas de una

sin





Alberto García-Teresa – La casa sin ventanas

Baile del Sol Ediciones



viernes, 13 de enero de 2017

PUESTO DE CONTROL DE BELÉN UN POEMA DE ROBIN MYERS





 
Puesto de control de Belén

 

«Yo no soy como tú: para una voz

yo sólo tengo un cuerpo»

Louise Glück

 

El soldado se hace el muerto. Miles

de hombres se apiñan en los tornos.

¿Quién se piensa que es?

¿Morirse ahí, en su puesto,

en hora punta,

a la vista de todos?

Él cree que está muerto.

Los hombres, indignados,

se aferran a las barras

esperando su turno.

El soldado murió

con los brazos extendidos

a lo largo de la mesa,

un gesto repentino congelado

en la testarudez

del rigor mortis.

Los hombres se apoderan de su lengua

y gritan

y lo insultan en la de ellos.

Él carece de lengua,

no tiene ojos.

Tiene una calavera que se pudre

adentro de su gorra.

Los hombres despotrican e intentan persuadir

y se cansan y escupen y patean los barrotes

como costillas.

Crecen.

La fila se despliega hasta adentrarse

en las entrañas de la tierra.

El sol se eleva.

Más encumbrado, hasta en la muerte,

que el propio sol, sabe el soldado

que la muerte no alcanza,

que también va a pasar,

que exige un tipo de consentimiento

más absoluto

de lo que su rango

podría pretender.

Y sin embargo, mientras está aquí

se siente bendecido,

no sirve para nada,

no es hombre ni palabra,

un fantasma y un huérfano,

irresponsable.

despojado;

si no absuelto,

al menos eximido.

Hasta que:

 

¡Hijo de puta!

 

De repente, un milagro.

Una infracción,

una respiración,

entendimiento:

el soldado oye,

el soldado se mueve,

el soldado levanta la cabeza.

Y levanta la mano.

Y una vez más

junta los cinco dedos

de una forma

que sus huesos recuerdan, apretados

según las órdenes reflejas

de su hogar terrenal,

un gesto que, de todos modos.

articula la jerga

preciosa de su paraíso.

 

¡Esperen!

 

Y se muere otra vez.

 

Robin Myers – lo demás - Kriller71ediciones

jueves, 12 de enero de 2017

UN POEMA DE POBLACIÓN FLOTANTE DE MERCEDES CEBRIÁN





 

1

 

De acuerdo; las criadas que usen

nuestro perfume y vistan nuestra ropa serán

despedidas de inmediato, pero lo que nos

pasa, el centro mismo de lo que nos pasa, es justo

lo contrario de esa clase de arma

arrojadiza. Las tijeras

nos llevan gran ventaja divulgando

su modo contundente

de zanjar.

 

Nos disecaron mal: la mala taxidermia

nos permitió movernos en exceso e iluminar

ciudades con nuestros propios vatios. Nadie

nos lo pidió. El agua, en cambio, no logramos

copiarla.

Padecemos diásporas, símiles de diásporas;

padecemos también lo laborioso

de la empresa de hablar. Todo el esfuerzo

lo hacemos con la voz: avanzar, embestir,

empujar la negativa ajena,

ahuyentar los silencios. Lo mismo da

que miremos al frente o hacía un lado: hablar es

giratorio, la pena ante lo dicho por ejemplo esa tarde

es también giratoria. De ahí que la voz persista y

module, y emita, y busque una

presencia. Y mientras, qué tenemos

para ofrecerle al otro sino un par

de temibles cuchillos

tan leves que ni

                      cortan.

 
 

Mercedes Cebrián – Población flotante

Ediciones Liliputienses

 

 

 

martes, 10 de enero de 2017

LA ESPIRITUALIDAD UN POEMA DE IOSU MORACHO





 

La espiritualidad

 

Fue en los árboles,

en el tiempo del silencio y las alturas, en la vasta soledad del crepúsculo

cuando las hojas de las acacias o de las ceibas adquieren sus tonos

más rojizos,

justo cuando el sol se guardaba en su lecho o se caía por el horizonte.

 

En la hora de los detalles,

cuando las penumbras ganaban la batalla a la luz,

cuando las ramas brillaban en sus puntas de plata, porque el último

rayo del día

había tocado con su dedo los bejucos a punto de nacer.

 

Ahí, justo ahí.

descubrimos el espíritu que aleteaba sobre la superficie de las hojas

y supimos para siempre, que no estábamos solos.

 

Iosu Moracho Cortés – Antología de poemas de la madrugada


 


lunes, 9 de enero de 2017

un útero es del tamaño de un puño de angélica freitas





 

ítaca

 

si quieres emprender un viaje a ítaca

llama antes

porque parece que todo en ítaca

está lleno

los bares los restaurantes

los hoteles baratos

los hoteles caros

ya no se puede viajar sin reservas

al mar jónico

y hasta el viaje

de diez horas parece de diez años

¿escalas en egipto?

ni pensarlo

y los duty frees están llenos

de aromas que puedes comprar

con tarjeta de crédito.

toda la vida quisiste

visitar grecia

era un sueño de infancia

concebido en la adultez

italia, francia: adulterio

(¿cosa de adultos?

no oigo respuestas)

bueno si quieres ve a ítaca

pídele a un primo

que te preste euros y ve a ítaca

es más barato ir a la isla de comandatuba

pero dicen que el azul del mar

no es igual

aprovecha para mandar e-mails

desde los cibercafés locales

¿quién manda postales?

manda fotos digitales

tuéstate al sol

lleva natusan

en ítaca vas a entender

para qué sirve

el natusan

 

 

domingo, 8 de enero de 2017

Savigny-le-Temple-Nandy UN POEMA DE SARA HERRERA PERALTA






 

Savigny-le-Temple-Nandy

 

 

Los que conocen el trayecto

saben que nunca tiene fin.

Un hueco en una escena desmentida,

la realidad que apuntala cada noche:

 

todo es tan real como la vida misma,

y el fin va llegando

sin llegar nunca a su fin.

 

Sara Herrera Peralta – Quien mire hacia abajo, pierde
 
Baile del Sol Ediciones

 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...