martes, 21 de marzo de 2017

POESÍA DE LA CONCIENCIA CRÍTICA





La «poesía de la conciencia crítica» se sitúa, […] en la encrucijada de querer manifestar la verdad de una forma antidogmática, antiautoritaria y buscando la participación del lector tanto en el hecho literario como en la acción política y colectiva.

tierradenadie ediciones


jueves, 9 de marzo de 2017

PRESENTACIÓN DE EL HUÉSPED ESPERADO EN BILBAO 10 DE MARZO


Alberto Santamaría (Torrelavega, 1976).
Profesor de Análisis del discurso artístico y literario y Arte Contemporáneo en la Universidad de Salamanca. Ha publicado los ensayos "El idilio americano. Ensayos sobre la estética de lo sublime" (Universidad de Salamanca, 2005) y "El poema envenenado. Tentativas sobre estética y poética" (Pre-Textos, 2008, Premio Internacional de Crítica Literaria Amado Alonso). Es autor también de los siguientes libros de poesía: "El orden del mundo" (Renacimiento, 2003), "El hombre que salió de la tarta" (DVD ediciones, 2004), "Notas de verano sobre ficciones del invierno" (Visor, 2005), "Pequeños círculos" (DVD ediciones, 2009) e "interior metafísico con galletas" (El Gaviero ediciones, 2012) y “Yo, chatarra, etcétera (El Gaviero ediciones, 2015) . Publica regularmente artículos sobre arte y estética en diferentes medios. Ahora presenta su poesía reunida con el título de El huésped esperado.

Nos dice Paco Gómez Nadal:

Habitar senderos críticos en medio de bancales académicos, sembrar poesía formalmente impecable dotándola de un fondo incisivo, indagar desde la profundidad intelectual sin caer en el elitismo verborreico, publicar la palabra conjugada para convocar en tiempos en los que lo que funciona es disgregar… eso es lo que hace Alberto y, para los que estamos en los pliegues no visibles de la realidad, la cosecha de su trabajo es aliento para el sentipensar en resistencia.”


lunes, 6 de marzo de 2017

CINCO POEMAS DE ALBERTO SANTAMARÍA




Odias la poesía
(Gamoneda revisitado)

Odias la poesía, dices, pero me amas,
y entonces recuerdo aquello de «la justicia
de las cosas, es decir, la poesía de las cosas»
y reímos mientras acaricio tus pies
pequeños y perfectos, y olisqueo tu nuca
que huele a arena, perfume y sal. Cierras los ojos
y suspiras.
Luego, ya en la cama, busco de nuevo tu aliento,
esa breve señal entrecortada de tus hombros
la piel en guerra—
que me hace saber que tu cuerpo y el mío
comulgan húmedos y exactos al fin.

Después ya tarde, ceñida mi sombra
al olor de tu cuello —lentos y abrazados—
recuerdo aquello de «en la humedad me amas»,
y reímos al observar nuestros pies fuera de las sábanas.
Odias la poesía, dices,
mientras paseas tu cuerpo desnudo por mi casa
de puntillas, revuelto tu cabello en el aire—
y digo «mi manera de amarte es sencilla».

Desnuda regresas —cada noche—
con tu belleza entera
preguntando no-sé-qué (ay si no fuera por ese no sé-qué),
buscando —dulce animal— mis palabras más salvajes,
esas —impuras y dóciles— que yo te doy sin dudarlo.





Un diablo entre nosotros
(Tarde de supermercado)

A la luz de lo visto, un cuerpo danza
alrededor de un vaso de agua. El agua
es un estado. Ella guarda en su casa
la carne de un ciprés, la resina del amor
lo llamaba. Le da vértigo subir a lo alto
de sus labios para decir, vestida de turrón
en verano, que está sola, que no hay
camino más azul que la línea
que divida la sed. Pero alguien entra
quietos— y se detiene al borde
de los congelados. Congelados
los ojos de las cigalas son un vago
recuerdo de la vida. El humo helado
asciende,
se dibuja en su frente, lenta línea
humilde en el tiempo
que imita la suave luz del crocante.
Leve contorno.
De vaho nace
ahora un beso, del salto y de los guisantes
crece la historia de otro tiempo. El vaho
es un estado. La carnicería es un purgatorio.
Pasea así, delicada, ante los vinos. Las etiquetas
marcan años y lugares. Qué límite da forma
al tiempo y al sabor, en qué lugar
del paraíso detener los pies, callarse, beber.
Reír al contemplar que el pavo
caduca el día de tu cumpleaños. La risa
es un estado. Vuelvo hacia el desierto
que mis manos forman al oler su edad
callada. Sólo eco. En lo alto la humedad talla
figuras blandas, vagas sombras (sombras,
sombras, sombras, dijo Pepe), que en su gesto
nos observan, nos muerden. Viven el idioma
sacro de la sal, estigmas de un cuerpo vendido.
Una fregona, despeinada en su abandono,
soporta el grito de la puerta de emergencia.
Estoy aquí entre alcachofas y sandías,
para hacer de mi cuerpo el límite de tu sed.
Estoy aquí, en la negra soledad del chocolate.

Lo repito. Grito. Deseo.

A la luz de lo visto, un cuerpo danza
y lejana suena la melodía
cierta de su condena:
debe haber un diablo entre nosotros.




El filósofo trabajando
(Apuntes para un ensayo
sobre la belleza pasajera)

1

Imaginé que la lluvia como imagen nos serviría.
Su forma de llevarse los dedos a la boca, su inocente
silueta entre las uvas del mercado, sus dedos
como púas de un tenedor, rechonchos por la base
y afilados cerca ya de su presa,
imaginé que sería otra buena definición
de la...
déjalo, es inútil dar forma a lo que posee ya
su lenguaje definitivo.

2

(Aquí deberías añadir
algo
entonces
sobre la belleza. O cómo se derrama
torpe e impaciente sobre la mesilla
un vaso de agua. Perpetua dicha son las cosas bellas).

3

Sin embargo
parece que va a llover. Caminas
por la habitación de puntillas,
sigilosa, como si con tus pies
diminutos fueses capaz de añadir palabras
a esta búsqueda. (El lenguaje ya no cabe. Hierve el agua en un cazo).
Una camisa
pende sin músculos
del respaldo de una silla de mimbre. Estiras tu brazo.
Sacas del armario
el chubasquero rojo
como si extrajeses de tu cuerpo
un órgano muy delicado.
(Tu palabra vibra entonces como la piel de una campana)
Te sienta tan bien
ese color.

nunca me lo habías dicho.




La cena (en el poema)

Los pintores al menos tiene cosas.
Pinceles que limpian todos los días
y guardan en tarros de loza
y barro que compran ellos.

Carlos Martínez Rivas

como restos de un animal sobre la mesa
dividimos la piel
sus migas
el músculo que se contagia de metal nocturno
los pintores al menos tiene cosas es cierto
estas cosas una jarra de peltre sin asas
una huella
la melancólica tenaza del tiempo
hierba que mecánicamente se hace viento

estas cosas dijo mientras le entregaba su abrigo
y agitaba delicadamente sus dedos
para mostrar la ausencia de guantes
el tema no daba para más
durante un rato comieron en silencio
dos gatos subieron de alguna parte
para deslizarse como negro líquido
junto a las sillas.





Formas de empezar a ser otro

Decir que llegamos tarde sería
lo más próximo a la verdad.
Nuestra capacidad para el pensamiento
se torna
con una leve presión
en zumo de manzana.
La costumbre ha licuado
todos nuestros deseos.
Chutar una piedra.
Seguir su dibujo sobre la acera.
Esperar que su gesto al fin nos dé una señal,
o salve la tarde
color galleta. La hipnosis, ya sabes,
es cuestión de gustos.
¿Hay algún signo en su forma?
Dudo que sepamos interpretar algo
más allá de nuestras manos.
La piedra no se detendría jamás
si no fuera porque el rozamiento
es igual a vida. ¿Lo ves? Ahí tienes
otro ejemplo.
Siempre he envidiado tu pálida
indiferencia, neutra ante los hechos,
blanca como un pijama con olor
a fiebre de otro. Extiendes tu mano
hasta alcanzar la pieza que falta. Hay errores
que nunca deben pagarse. Un puzle
es lo más parecido al odio que conozco.

Llegar hasta la azotea
como un temible oto,ano
cargado de fruta y vino.
Algo así es lo que te pido.
Descorcha esa botella. Pon tres vasos.
Espera.


Alberto Santamaría - El huésped esperado - Poesía reunida 2004 - 2012






miércoles, 1 de marzo de 2017

UNO DE MARZO


Atardecer del uno de marzo, por Pablo Müller


«¿Quién es mi padre en este mundo, en esta casa,
al pie del espíritu?»
Wallace Stevens

Pensamos que a esa edad no se muere.
Así que hubo que buscar un asesino.

Cuando mi padre golpeó con su puño la pared,
yo quería abrazarme,
supe entonces que podía matarme,
como lo hizo contigo.

En aquella casa donde el miedo era
el ruido de la puerta al abrirse por las tardes,
se golpeaba con el puño
las paredes,
en el almacén de las herramientas
había varias hachas
pero un hacha no para un corazón,
y la guadaña cortaba la hierba a duras penas,

cómo iba a ser capaz de segar
diecisiete años.

No había asesino. Reconocerlo duele.




domingo, 26 de febrero de 2017

ABIERTO POR OBRAS ENSAYOS SOBRE POÉTICA Y CRISIS DE ANTONIO MÉNDEZ RUBIO




Seguramente volverse comprensible, autosuficiente y acomodaticio sea la tentación más a mano del poema que encaja en el orden simbólico establecido. Pero el poema puede también ser acogido en cualquier espacio de lectura como aquel regalo en forma de caballo a las puertas de Troya: le favorece entonces una apariencia inocente que facilite su entrada intra muros, su acceso al núcleo del Gran Interior que sigue siendo la vida cotidiana, anónima, no para que ahí desembarque una tropa redentora (en medio de un trompeteo que se quisiera épico) sino para volver real el no tan inocente momento en que lo cerrado se abre y lo negado se afirma (aunque únicamente llegue a afirmarse como pregunta negada). Así tanto desde la escritura como desde la lectura de poesía, la pregunta por cómo (re)hacemos realidad un mundo (otro) se cruza con las otras formas de producir sentido(s) a través de la práctica poética. En este punto (sin) límite empieza quizá una travesía del desierto (de lo real), una ruta esta vez sin guía, a tientas entre los impactos deslumbrantes de los escaparates mediáticos, las pantallas ubicuas y las corazas íntimas. Si fuera una imagen, la situación de la poesía en el mundo, de una poesía sin mundo, rimaría con la escena final del El desierto rojo (M. Antonioni, 1964), donde Giuliana intenta comprender de noche su propia desesperación, y aún se la oye tal vez decir: «Hay algo terrible en la realidad. Pero no sé lo que es. Y nadie me lo dice».

Antonio Méndez Rubio – Abierto por obras – Ensayos sobre poética y crisis. Libros de la resistencia





miércoles, 22 de febrero de 2017

PRESENTACIÓN DE NO ARDO, ME OXIDO, DE CARMEN DEL RÍO BRAVO EN BILBAO




Nos dice Inma Luna:

No ardo, me oxido es un poemario sin domesticar, es el deseo brutal de que la poesía se asome a las zonas menos expuestas a la luz para que también se muestren, para que se sepa que forman parte de lo humano, quizá la parte más viva. Carmen explica el frío, sin miedo, el dolor es ofrenda de aprendizaje.

No ardo, me oxido... Carmen del Río Bravo - Baile del Sol Ediciones

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