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miércoles, 16 de octubre de 2024

JUEVES Y VIERNES SANTO DOS POEMAS DE SILVIA CUEVAS-MORALES EN MUJER INCÓMODA

 




 

 

 

JUEVES SANTO

 

 

 

En este jueves santo

un perro ladra en la distancia.

Los pecadores expían

la resaca de sus mentiras.

Un cura juega a crucificar

al joven monaguillo.

Las beatas se dan golpes de pecho

con sus dedos enjoyados,

ignorando al pobre, que a sus pies, pide limosna.

 

Los corruptos indultan a ladrones comunes

con la esperanza de que cuando les llegue el turno,

también disfruten de la benevolencia de los gobernantes.

Y las banderas ondean a media asta

en todos los cuarteles por la muerte de Cristo,

olvidándose de los miles de cadáveres

de sus sangrientas guerras.

 

Ante tanta beatería

me niego a levantarme de la cama.

Me entrego sin culpa alguna

y recorro tu piel con mi boca,

desde tus pequeños pies

hasta el único milagro posible.

 

La redención de tu sexo húmedo

en comunión con mi piel,

en un acto de total devoción

e irreverencia.

 

 

―――――――――――

 

 

 

VIERNES SANTO

 

 

 

Padre, confieso que he pecado.

He deseado carne un viernes santo.

Me he dejado crucificar,

con los brazos extendidos

y atados a cada lado de mi lecho.

 

He dejado que la pasión ardiera

entre mis muslos.

Me he dejado azotar con cariño

y untar con miel mis senos.

 

Una procesión de labios

ha recorrido mi espalda,

un rosario de saliva,

ha penetrado en mi sexo.

 

Me postro a tus pies,

preparada para aceptar la penitencia,

o que me castigues enviándome al limbo

del gozo desenfrenado,

del infierno de la eterna perdición.

 

Padre, perdóname,

confieso que he pecado.

 

 

 

Silvia Cuevas-Morales

Mujer incómoda

 

Huerga & Fierro editores


lunes, 3 de febrero de 2020

DESARRAIGO UN POEMA DE SILVIA CUEVAS-MORALES




DESARRAIGO



Un enorme peso que me fatiga,
una triste valla que me aísla,
un desierto que me asfixia,
un mar que me castiga.

Sonrisas de papel que ya no devuelvo,
recuerdos borrosos que me anulan,
pertenencias que ya me son ajenas,
amistades que ya desconozco.

Sueños insatisfechos,
fotografías que me acosan,
cartas polvorientas que me hunden,
planes truncados en el exilio.

Voces distantes que me susurran un pasado
que ahora siento tan lejos.
En círculos deambulo por avenidas
sin dar con el sosiego.

La noche más cruel aún
no me permite descansar mis huesos.
Aferrada a mi almohada,
intentando espantar el insomnio.

En búsqueda de esa calma
que tanto añoro, para volver a nacer
con pleno derecho a vivir,
en este país inédito.



Silvia Cuevas-Morales
Apátrida: Diario de un destierro

Lastura