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viernes, 17 de abril de 2020

BESAR EL CORAZÓN DE UN CABALLO MUERTO UN POEMA DE CARLOS DE LA CRUZ




BESAR EL CORAZÓN
DE UN CABALLO MUERTO



Y de mi piel que no quede nada
de estos nervios grafito nada la sombra

los huesos saben que no son nada sin piel y el nervio
no queda nada
de estas manos que no quede nada
por favor
todos los muertos y las muertas
no volver a tocar nada vivo
que no quede nada
del hilo para sacar la alma de un pozo
del martillo para poner en su sitio los dedos
de la hueca de la montaña que se muere entre los pechos de la ciudad
y no al revés
que no quede nada.
Tengo un dios chiquito con los ojos cerrados
duerme tranquilo entre mis manos
No es un héroe ni es un gigante es un dios chiquito
y de barro que duerme
con los ojos cerrados desnudo
entre mis manos.
No queda nada de este animal
toda la piel el mal el recuerdo de los insectos
torcidos con chinchetas sobre el cuero de un aeroplano
no queda nada
porque está dormido
temblando desnudo
es mi hijo y es mío hoy todos los días hasta ayer
lo amo no te lo lleves no lo sacrifiques
tus dioses no son mejores que los míos son más grandes
pero son los mismos
no he dejado nada para él no es nadie
sólo un dios desnudo del tamaño de una cajetilla de cigarros.
No es tuyo no es de nosotros
no queda nada de todo este amor
para él.
No mires no te lo lleves
no dejes que se lo lleven
duerme
es un cachorro
¿tienes miedo a todo el amor
que hemos puesto
como sacos de arroz
sobre sus ojos?



Carlos de la Cruz I.
La voluntad de los esclavos

La Penúltima editorial


lunes, 5 de marzo de 2018

UN POEMA DE ANDREA AGUIRRE DE MUJER FRENTE AL CAOS




si me rajo el vientre
de lado a lado,
y lo vacío de su vacío,
quizá consiga encontrar una lógica
a no ser nada más que yo
en este cuerpo precario.

quizá de alguna forma,
exista el modo de vivirme
sólo desde dentro
¿si te nombro, ausencia,
existirás desde dentro?
la poesía es tan inútil
como este viento vacío.

te nombro y me golpea, rotunda,
toda tu imposibilidad;

así, ese dolor
es mi refugio propio:
no tener el poder
para existirte.



Andrea Aguirre
Mujer frente al caos



martes, 1 de agosto de 2017

TRES NOTAS DE UN CUADERNO DE POESÍA GENERAL BÁSICA DE GSÚS BONILLA






No es una ocurrencia, hazme caso y, si quieres, haz la prueba: retira la tapa de la alcantarilla al azar— la que quieras. ¿Te das cuenta? Ante ti: un agujero, su fondo; agua turbia, residuos. Las ratas —frotándose las manos— y la mierda —abriéndose camino—. Ahora ya sabes dónde está el poema.

[De: La prueba]

# # #


Mientras pueda mudar la piel me comeré mi propia muda. En mis poemas el canibalismo es una práctica común.

[De: Poeta, cucaracha]

# # #


Buscas lo bello de un poema en las palomas; lo monstruoso, en las migajas del suelo. Sin embargo el mensaje está en el pico devastado de las aves. Inviertes tu fortuna en palomas y las palomas volando

[De: Bienes]

# # #



Gsús Bonilla — Poesía General Básica 2007/2017



domingo, 23 de julio de 2017

UN POEMA DE LA CUARTA HIJA DE ROSA DE JORGE M. MOLINERO






Aunque en su regazo yo no tenía un sitio de privilegio,
a escondidas
me alcanzaba las golosinas sin azúcar y rascaba mi cicatriz
                   Mamá Loba
nos acogía a todas en su cama
los domingos por la mañana.

Se trataba de eso,
de matar al padre;
expulsarle de su trono, robar
su sitio en los pezones de Mamá Loba.

Desesperado, herido, Saturno
al final se exiliaba a por el pan y El país
para, encima, traernos de vuelta unos churros.

Sólo yo me vestía y le daba la mano.

En el ascensor, mi padre me revolvía el pelo.

                                           El pelo: hay cosas más importantes que el pelo.



Jorge M. Molinero – La cuarta hija de Rosa (Perdido en Isla Mujeres)





martes, 28 de marzo de 2017

UNA FORMA SUSURRADA DE ALEGRÍA DE JACOB IGLESIAS





UNA FORMA SUSURRADA DE ALEGRÍA

Entre la paz indolente de nuestras horas,
hay una forma susurrada de alegría.
Alegría de mano que se acerca sumisa
al lomo de un perro y lo acaricia en silencio,
de flor de almendro, de avión trazando
despacio su estela blanca en un cielo sin nubes,
de nieve en los tejados al levantar la persiana,
de luna llena descubierta en un charco.
Dura mientras pasa a tu lado, deja
un regocijo apacible durante unos segundos
y después la olvidas para siempre.
En esos instante todo es amable,
como dibujado por la mano de un niño.
Por ellos darías gracias,
si supieras a quién.


Jacob Iglesias – No todas hieren
La Penúltima Editorial