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sábado, 9 de marzo de 2024

FORAMINÍFEROS UN POEMA DE JEFFREY YANG EN EL LIBRO DE LOS OTROS DE JORDI DOCE

 



JEFFREY YANG


CONOCÍ el trabajo del joven escritor neoyorquino –y editor en la legendaria New Directions- Jeffrey Yang (1974) gracias a la recomendación del traductor y editor Aurelio Major. Me habló de An Aquarium (2008), su primer y sorprendete libro, en términos tan elogiosos que a las dos horas ya lo había comprado en la red. Y no me defraudó: una variación sobre el género del bestiario que toma los nombres de distintos seres acuáticos para tejer una intrincada y sorprendente malla de referencias, una red argumental tan lúcida como lúdica que salta en zig-zag por los asuntos más diversos sin pararse un instante. En el libro hay un poco de todo: desde piezas epigramáticas a otras más reflexivas o meditativas, pero el tono general es una mezcla de distanciamiento y humor, de curiosidad y sorna inteligente, que atrapa desde la primera página y nos obliga a pensar deprisa, furiosamente, para encajar las piezas del puzle.




Foraminíferos




La prueba de un foraminífero

es su concha: membranoso,

aglutinado o calcáreo

endoesqueleto

citoplasma que fluye

por la cámara de

una única célula, movimiento de

seudópodo granuloreticuloso,

palacio del recuerdo de Ōkeanós.

Los foraminíferos se encuentran

en todas las latitudes y hábitats

marinos: blanco foraminífero

en los acantilados blanco de Dover.

En las pirámides de Gizeh

Herodoto vio «lentejas petrificadas»;

el ojo de Aldrovandi se desplazó

de Aristóteles a Galileo:

las conchas romboides

tienen rígidos tubérculos epigenéticos.

Para Oppen

una prueba de la poesía es

sinceridad, claridad, respeto…

Para Zukofsky, la gama de placer

que proporciona en cuanto vista, sonido e

intelección.

En sueños

Vishnú visitó a Appakavi,

quien recibió los secretos de

la gramática de Nannaya: La poesía

es el saber definitivo.




Jordi Doce

El libro de los otros


Ediciones Trea


viernes, 8 de diciembre de 2023

MINEROS UN POEMA DE JAMES WRIGHT EN EL LIBRO DE LOS OTROS DE JORDI DOCE

 





JAMES WRIGHT

 

Si hay un poeta norteamericano que asimiló el influjo de nuestra vanguardia, de los poemas surrealistas de García Lorca, Aleixandre o del Neruda de Residencia en tierra, ese es sin duda James Wright (1927 – 1980). Director con Donald Hall de la influyente revista The Fifties, ganador del premio Pulitzer en 1971 con sus Collected Poems, Wrigth tuvo una vida difícil y algo desafortunada. Nacido en el cinturón industrial de Ohio, hijo de un trabajador siderúrgico, Wright siempre se consideró un outsider, separado de sus colegas por una fuerte conciencia de clase que asoma una y otra vez en su trabajo. Tuvo problemas de alcoholismo (como Berryman), fue sometido a electroshock (como Plath) y acabó harto de las obligaciones docentes (como otros muchos de su quinta). Justo cuando parecía haber encontrado la serenidad con su segunda mujer, dedicado en exclusiva a escribir y viajar por Europa gracias a una beca providencial, murió fulminado por un cáncer de lengua en 1980.

   «Mineros» es un buen ejemplo de su destreza para tratar un asunto de corte, digamos, social con fuerza imaginativa y hasta metafórica. El resultado es un modelo de sequedad y sugerencia, de emoción contenida y fuerza simbólica que nos deja, también a nosotros, oyendo extraños ruidos en la noche.

 

 

 

Mineros

 

 

 

La policía está rastreando los cuerpos

de los mineros en las aguas negras

de las afueras.

 

Unos pocos se arrastran

buscando más abajo, hasta que aferran

los dedos del mar.

 

En algún sitio, al otro lado

del chapaleo y las marmotas soñolientas,

un hombre fuerte, a solas,

aporrea la puerta de una tumba, gritando

Dejadme entrar.

 

Muchas mujeres

se adentran en los pozos por largas escaleras

y aparecen en los palacios tambaleantes

de cisternas abandonadas.

 

En medio de la noche

oigo vagones moviéndose sobre rieles de acero,

chocando

bajo tierra.

 

 

 

Jordi Doce

El libro de los otros

 

Ediciones Trea



martes, 19 de septiembre de 2023

NAOMI REPLANSKY EN EL LIBRO DE LOS OTROS DE JORDI DOCE

 

NAOMI REPLANSKY

 

A sus cien años, Naomi Replansky (Brooklyn, 1918) es seguramente la decana de las escritoras norteamericanas y uno de los secretos mejor guardados de la poesía en lengua inglesa. Un secreto a voces, porque la publicación de sus Collected Poems (2012) despertó una ola de reconocimientos públicos y de elogios de escritores tan diversos como David Ignatow, Grace Paley o Ursula K. Le Guin (que suceden a los que le dedicó en su día George Oppen). Es verdad que su primer libro, Ring Song (1952), fue finalista del National Book Award, pero hubo que esperar nada menos que 36 años, hasta 1988, para leer una segunda entrega de su trabajo. Una razón es que, como explica ella misma, «escribo lentamente». Otra forma de decirlo es que estamos ante una perfeccionista de manual, empeñada en pulir sus poemas hasta la extenuación.

     Pero hay otros motivos: como muchos escritores de su generación, Replansky coqueteó con el activismo político y en concreto el sindicalismo obrero, de orientación comunista, que alcanzó su apogeo en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Pasó los años cincuenta del siglo pasado haciendo trabajo social en Los Ángeles, donde se relacionó con los grupos más «sospechosos» de la poesía angelina: allí la furia del macartismo y la caza de brujas cayó sobre ella y la convirtió, al menos por un tiempo, en una paria. Terminó haciendo un poco de todo, ganándose la vida en trabajos ásperos, no muy avenidos con la escritura y la vida contemplativa. Con todo, desde hace años vive plácidamente en Manhattan con su compañera, la escritora Eva Kollisch.

     Con decir que sus influencias predilectas son Blake, Dickinson, Brecht y la poesía tradicional japonesa nos hacemos una buena idea de su estilo: una poesía lírica, casi cantábile a veces, de arte menor y rigurosa formalmente, breve y lapidaria. Abundan los cuartetos rimados, los poemas que cortejan el ritmo y el tono de la canción, como en su admirado Brecht, los epigramas, etc. Y muchos tienen algo de fábula truncada, como si fueran poemas infantiles para adultos, oscuros y perversos.

     Todo esto hace muy difícil traducirla. He elegido este poema porque es de los menos formalistas de su producción, y porque su sentido del humor viaja con facilidad a nuestro idioma. Sin mencionar que no hay poeta, me parece, que no haya querido plantearle al capataz universal de la poesía un pliego de quejas semejante.

 

 

 

Quejas elevadas a la encargada,

musa de la poesía lírica,

por el sindicato internacional

de los poetas líricos

 

 

 

1.       Nunca nos dices qué debemos hacer,

pero sentimos tu repugnante desagrado

si no está hecho,

y bien hecho.

 

2.     No nos pagas por hora

ni por semana, ni por año.

Podríamos bregar toda una vida

sin el premio de tu sonrisa,

pero hay que ver cómo bendices

al que un día vertiginoso

sacó una pieza de la nada.

 

3.     Careces de instrumentos de precisión

que midan el valor de nuestras producciones.

(Tus inspectores cambian sin cesar

y algunos te profesan poco afecto).

 

4.     Nos encierras en nuestro idioma

hasta cuando sentimos el frío de la patria.

Cuanto más justas son nuestras palabras,

más radiantes su música y encanto,

más arduo es para ellas

conservar su atractivo

cuando intentan cruzar una frontera.

 

5.     Promueves a los jóvenes de entre nosotros.

¿Qué más pueden hacer los veteranos?

¿Aprender otro oficio? Si hasta esperas

que esos viejos decrépitos compitan

con la versión más joven de sí mismos.

Exigimos una pensión que dé Seguridad estética

y un pequeño subsidio de Sabiduría

para sobrellevar los males del invierno.

 

6.     Debemos mantener la productividad

aun cuando no hay demanda.

Nuestras piezas atestan el mercado.

Nadie nos presta oído.

¿Debemos achacarlo a nuestra incompetencia?

 

7.     Tenemos quejas. Nos quejamos.

Pero nunca nos pondremos en huelga.

Tememos por el cierre de tu fábrica

como tememos nuestra muerte.

Hace tiempo, cuando nos diste empleo,

pensamos que sería de por vida.

 

1995

 

 

Jordi Doce

El libro de los otros

 

Ediciones Trea

miércoles, 9 de agosto de 2023

UN POEMA DE JUNTO AL POZO DEL VIVIR Y EL VER DE CHARLES REZNIKOFF

 


 

 

 

3

 

¿Le haría el favor de escribir una carta por él?

Un tipo poco agraciado, los años le pesaban.

Tenía acento al hablar,

pero no pude identificarlo

y supuse que habría llegado a este país

en su juventud

y se habría puesto directamente a trabajar

«Por supuesto».

 

«Tengo papel y sobre;

dos, por si uno se estropea».

Sonrió, sacó papel de carta y un sobre de su bolsillo

y fuimos a uno de los mostradores de correos.

Tomé un bolígrafo.

La carta iba dirigida a una muchacha llamada Sadie

en un pueblo en algún lugar

de Connecticut o Pensilvania.

Escribí el nombre completo y la dirección en el sobre

mientras él me observaba.

«Bueno, ¿qué quiere que ponga?».

 

«Querida Sadie», comenzó, «Te quiero.

¿Lo tiene?». «Sí. Continúe».

«Te quiero».

«Ya lo ha dicho. ¿Qué más?».

«Te quiero. Vuelva escribirlo».

«Muy bien. ¿Qué más?».

«Te quiero».

Le mire. «¿No tiene más que decir?».

«Sí».

Se quedó un rato pensando y dijo:

«Te quiero mucho. ¿Lo tiene?».

«Ahora ponga…». Estuve tentado de decir

Te quiero,

pero no quería reírme de él.

«Escriba: Por favor perdóname, Sadie».

 

«Es que, mire usted», me dijo, volviéndose hacia mí,

«se fue con otro

y yo la llamé ‘puta’, ‘zorra’,

y ahora no quiere verme.

Escriba: Por favor, perdóname, Sadie. Te quiero».

 

Pensé en un pájaro común y corriente con solo dos o tres notas

trinando allá en un árbol en invierno.

 

 

 

Charles Reznikoff

Junto al pozo del vivir y el ver

 

Traducción y prólogo de Jordi Doce

 

Kriller71ediciones


miércoles, 9 de septiembre de 2020

MUY TEMPRANO EN LA MAÑANA UN POEMA DE CHARLES SIMIC

 

 

 

 

Muy temprano en la mañana

 

 

 

Me duele ver a una anciana agobiándose

por unas pocas monedas a la puerta del supermercado…

Y qué rápidamente la olvido cuando mi propia tristeza

me atrapa: una amiga a las puertas de la muerte

y el recuerdo de la noche que pasamos juntos.

 

Era tanto el amor en mi corazón

que habría podido salir a la calle en cueros,

seguro de que todos los que se cruzaran conmigo

comprenderían mi locura y mi necesidad de decirles

que la vida es a la vez hermosa y cruel,

 

pero no lo hice…, a pesar de las pruebas abrumadoras

un cuervo inclinado sobre una ardilla muerta en el asfalto,

arbustos de lilas floreciendo en un jardín

y la visión de un perro desprendido de su cadena

escarbando en el cubo de la basura de un vecino.

 

 

 

Charles Simic

El lunático

 

Traducción de Jordi Doce

 

Vaso Roto poesía


domingo, 12 de abril de 2020

UN POEMA DE AUTOBIOGRAFÍA DE ROJO DE ANNE CARSON




    X L V I I .   L O S    F O G O N A Z O S   E N    L O S    Q U E    U N   H O M B R E
    S E   V U E L V E   D U E Ñ O     D E     S Í   M I S M O


La harina empolva el aire a su alrededor y se posa en sus brazos y ojos y cabello.

———

Un hombre moldea la masa,
los otros dos la introducen con dos largas palas en el hueco cuadrado de un horno
abierto en la pared trasera.
Heracles y Ancash y Gerión se han detenido ante la panadería a observar
el agujero del fuego.
Después de pasarse el día peleando salieron a recorrer las calles oscuras de Jucu.
Medianoche sin viento y sin estrellas.
El frío hiriente asciende desde las viejas rocas del suelo. Gerión camina rezagado.
Siente en la boca pequeños chorros de ácido
de los dos tamales de pimiento morrón que ha comido a toda prisa hace unas horas.
Van siguiendo la empalizada.
Se adentran en un callejón, luego doblan una esquina y allí está. Un volcán en una pared.
Veis, dice Ancash.
Qué hermosura, exhala Heracles. Está mirando a los hombres.
Me refiero al fuego, dice Ancash.
Heracles sonríe en la oscuridad. Ancash observa las llamas.
Somos seres asombrosos,
piensa Gerión. Somos vecinos del fuego.
Y ahora el tiempo corre hacia ellos
mientras se quedan ahí, hombro con hombro y rozándose, la inmortalidad en su rostro,
la noche a su espalda.



Anne Carson
Autobiografía de Rojo
Una novela en verso

Traducción y prólogo de Jordi Doce

Editorial Pre-Textos