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jueves, 3 de octubre de 2024

TRES POEMAS DE VICENTE GUTIÉRREZ ESCUDERO EN LAS OTRAS RAMAS

 






En el fondo de mi conciencia se oculta

por primera y última vez

un inmenso pájaro nocturno.


Tiene miedo pero

¿me ama?




―――――――――――



Un águila de hielo

me oprimía el corazón.




Me absorbía.


Brillaba.




―――――――――――



Fiel a cada rincón,

antigua y pintoresca,

Isis se ensancha entre los viejos árboles.







Vicente Gutiérrez Escudero

Las otras ramas


Prólogo de Antonio Méndez Rubio


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lunes, 22 de enero de 2024

UN POEMA DE MARINA CARRETERO GÓMEZ EN LOS CUERPOS

 






XIX


Y de nuevo el miedo. Y entre el tanto miedo, dónde.

El miedo a la herida cerrada, a las manos repletas.

A la espalda cubierta de aliento. Miedo también

a la sangre seca, al vacío del vientre,

tanto miedo como arena

en la boca mordiendo tu nombre.

Dónde yo, el miedo

como un tumor consumiéndome como un amor.

Este miedo que no me deja no permite no renuncia

dónde yo. Dónde yo, tanto miedo, y de nuevo

dónde yo.




Marina Carretero Gómez

Los cuerpos


Prólogo de Sònia Moll Gamboa


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miércoles, 29 de junio de 2022

CALMA UN POEMA DE LLUVIA DE SILENCIOS DE MARÍA BONET

 

 

 

 

CALMA

 

 

 

En la claridad de la mañana

siento la fuerza de tu marea,

entre luces y sombras

tu mirada profunda.

 

Hubo un tiempo de mar de fondo

de cielo rasgado y embravecido

las aguas se apaciguaron

hoy eres calma azul de la espera.

 

Sueño nuevos rumbos contigo

nuestros cuerpos en oleaje

inundando muelles y puertos

hasta besar los ocultos arrecifes.

 

Te espero

salpicada de algas y espuma,

juntos empujaremos el horizonte

y acariciados por la luna dormida,

borraremos nuestras huellas del infinito.

 

 

 

María Bonet

Lluvia de silencios

 

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jueves, 24 de marzo de 2022

MAMÁ UN POEMA DE AMPARO LÓPEZ PASCUAL EN AHORA SOY UN PÁJARO

 

 

 

 

MAMÁ

 

 

 

Ya nunca preguntaba.

Yo no sé si sabía que se estaba muriendo

o temía enterarse por descuido.

No le extrañaba la mirada azul

de las visitas,

la compasión del extenso silencio,

que hubiéramos quitado el calendario

de su lugar de siempre.

Todos habíamos hecho el propósito

de dibujar muy bien nuestro papel

ajeno a las palabras mañana, cuando regreses, nevará.

 

Dio permiso para apagar la luz

pero no quiso dejar de comer.

Su único deseo era la voluntad

de alimentarse,

crecer por algún sitio.

Un callejón con sus contenedores

de desperdicio intacto.

Evitó nombrar por última vez

lo que necesitaba,

solo hizo un gesto

que aún no hemos sabido interpretar.

 

 

 

Amparo López Pascual

Ahora soy un pájaro

 

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viernes, 11 de marzo de 2022

LA VOZ DE MI PADRE EN LUMBRE Y CENIZA DE YOLANZA IZARD ANAYA

 

 

 

 

LA VOZ DE MI PADRE

 

 

 

He caminado días, siglos, para ver a mi padre.

Está muerto. Y sin embargo le he dicho:

Mírame, mira lo que hacen conmigo.

He ido al centro de la palabra, donde él podía entenderme.

La palabra allí son gestos, miradas, lágrimas, la comisura del ojo,

la piedra que late en medio del corazón,

una burbuja que transparenta todo lo que se ha sido.

Mi padre muerto me habla también con esa palabra.

Nos reunimos en medio del corazón del bosque.

Todo es esencial, todo está hondo, profunda

es la atmósfera que nos cobija, habitamos

el resquicio de la luz, donde los pájaros sin cuerpo.

Un ala es la cadencia de un suspiro,

el bullicio de la brisa.

Un ojo es la corriente del cielo

enseñando sus estrellas como enseñas.

Mi padre muerto me ha tocado con su mano invisible

y yo he sido durante un instante la portadora de su luz.

Mira lo que me han hecho.

 

 

 

Yolanda Izard Anaya

Lumbre y ceniza

 

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domingo, 26 de julio de 2020

TRES POEMAS DE LA VIDA EN LOS RAMAJES DE OLALLA CASTRO HERNÁNDEZ


 

 

 

EL CAMISÓN DE EMILY DICKINSON

 

«Las obligaciones del viento son pocas»

E.D.

 

A la luz, el algodón recién planchado,

blanca sarta de hilos

que ligeramente despuntan

al llegar al tobillo.

Al trasluz, los muslos también blancos,

carne blanda que no ha sido anfitriona.

Lejos el negro vestido de las fotos,

el solemne luto de cuello almidonado,

los cabellos negros, recogidos.

En la casa, el silencio.

Los pies descalzos

—cerciorándose antes

de que no queda rastro

alguno de visitas—,

traspasan el rellano.

Lejos queda la habitación-guarida,

la vida de fantasma

entre cadáveres que sólo parlotean.

Sola,

ebria de blanco, de algodón,

de luz, de blanda carne,

con los cabellos sueltos y enredados,

Emily abraza la corteza del árbol.

Paseando los dedos por la hierba,

atraviesa aprisa la colina,

hasta llegar al campo de amapolas.

Y se deja caer, extendidos los brazos.

De vuelta a casa,

con la blancura manchada

de barro, de hierba, de amapolas,

las manos de viento,

el cuerpo de viento,

la risa más viento todavía.

Y la libertad,

con su collar de espinas,

se arrastra otra vez hasta la alcoba.

 

 

————————————

 

 

HOMERO MINTIÓ

 

 

 

No era a tejer y a destejer esperas

a lo que dedicaba Penélope las noches.

Dormían sus pretendientes esperando,

ávidos, ver al fin la mortaja de Laertes,

mientras ella inventaba sus propias odiseas.

Leía pergaminos

traídos por mar que habitan las sirenas

aprendía uno a uno

los acordes-escudo de sus cantos.

Penélope a salvo

de la mirada de ellos,

el bozal en suspenso,

distendida la soga,

deseaba que el viaje durase para siempre.

No era a tejer y a destejer esperas

a lo que dedicaba Penélope las noches.

Ella jamás pensó que Ulises

al fin,

regresaría.

 

 

————————————

 

 

COMO VIRGINIA WOOLF

 

 

 

Quiero escribir dos breves notas a las doce

y hundir mi cabeza bajo el agua.

Que sean, flotando, los cabellos

negras algas que lentamente bailen.

Llenar de guijarros los bolsillos

y caminar buscando lo profundo,

sin piedad por aquéllos que se quedan.

Quiero hundir mi cabeza bajo el agua,

los ojos abiertos y redondos:

dos peces verdes que naden sin moverse.

Que sean mis últimas palabras

delicadas burbujas sin sonido.

Y dejar sólo un eco

de ondas sobre el río

que apenas pueda verse.

Y dejar sólo un eco

de ondas sobre el río

que no se apague nunca.

 

 

 

Olalla Castro Hernández

La vida en los ramajes

 

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miércoles, 24 de junio de 2020

DUELO UN POEMA DE RENÉ FUENTES


 

 

 

DUELO

 

 

 

Mi mujer es quien más los recuerda.

Desde entonces, cada año, repite las fechas como si fuesen aniversarios de difuntos.

Cada vez que ella dice «Hoy se cumple otro año desde que lo perdimos», yo le pregunto cuál. ¿El primero, el tercero o el último? Ella me responde y los define, por cantidad de meses los define.

Mi mujer no lo sabe, pero les puse nombres.

Por suerte, después de cada charco de sangre, volvía la oportunidad. Por suerte, somo padres de otros hijos. Pero aquéllos mi mujer siempre los recuerda.

A veces entro en la oscuridad, busco en otras celdas, les escribo. A veces corro en los trigales, espanto los cuervos, grito: ¡Aguedita, Nativa, Miguel!

 

 

 

René Fuentes

Guitarra del mesón

 

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lunes, 22 de junio de 2020

TRES POEMAS DE ÁNGELA ÁLVAREZ SÁEZ


 

 

 

V

 

 

 

Algo teje y desteje la materia. Intuyo calles desde mi ventana. El día está nublado. Algo palpita y acaece y lo llena de todo. La ciudad descansa sobre el musgo de jardines y puertas. La casa en silencio espera que el vértigo vuelva y se haga constante.

 

 

 

VI

 

 

 

Este cuerpo de niña. Sustantivo rosado que no sabe de la violencia. Este cuerpo de madre. Que gesta y da vida. Que alberga los cadáveres de los hijos no nacidos y cura sus heridas. Este cuerpo anciano. Que no tiene raíz ni consuelo. Este cuerpo que solo hiere.

 

 

 

VII

 

 

 

Mirar la casa. Mirar este umbral de pobreza llevándose a los bueyes. Mirar el camino que lleva al interior. Sembrar unos ojos abiertos en sus muros. Mirar la casa. Atravesar con un cuchillo la carne del ciervo hasta que los ojos se cierren y desaparezca el bosque.

 

 

 

Ángela Álvarez Sáez

Palabra vegetal

 

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