lunes, 22 de mayo de 2017

DOS POEMAS DE YO NO SOY UNA MUJER DE EDITH SÖDERGRAN






Las estrellas

Cuando llega la noche
estoy en la escalera y escucho,
las estrellas vuelan como enjambres en el jardín
y yo, de pie en la oscuridad.
¡Escucha, una estrella ha caído con un sonido metálico!
No camines sobre la hierba descalza;
mi jardín está pleno de esquirlas.


Gato de la suerte

Tengo un gato de la suerte en mi seno,
ronroneante teje un hilo de felicidad.
Gato de la suerte, gato de la suerte,
concédeme tres cosas:
consígueme un anillo dorado,
como prueba de mi felicidad;
consígueme un espejo,
como prueba de mi belleza;
consígueme un abanico,
que aviente mis pensamientos molestos.
¡Gato de la suerte, gato de la suerte
ronronea un poco más sobre mi futuro!


Yo no soy una mujer – Edith Södergran

Traducción de Albert Herranz




domingo, 21 de mayo de 2017

AUDACIA UN POEMA DE ORION DE INAXIO GOLDARACENA




Audacia

En plazas y labios. En las avenidas
de la información. En los versos de los poetas.
En el color de los payasos. En la dignidad
de los comunes. En las víctimas del dinero.
En las trincheras del NO.

Frente al fanatismo del capital. Frente
a la inmortalidad del capital. Frente a la fuerza
de la costumbre y del que dirán. Frente al uniforme
del olvido y a los abanderados de la razón. Frente
a la venta por fascículos del miedo.

Por encima de dioses y de hombres-

De hombres y de dioses.



Inaxio Goldaracena - Audacia





domingo, 14 de mayo de 2017

AMONIACO, UN POEMA DE MANOTAZOS AL AIRE DE YOLANDA ORTIZ PADILLA





AMONIACO

Introducción
Se achica
la distancia
entre lo que amo y el abismo

la posibilidad del dolor se expande
y lo impregna todo
con un intenso olor a amoniaco
que doblega mi garganta

Amoniaco 1: el perro
A lo lejos
la luz de los faros
y el ruido del motor
se filtra entre las ramas
de la alameda que recorres
negro velocísimo imparable
contra el aluminio gris del capó de un coche

saltas mi grito
que intenta anudar el tiempo
hacer largos nuestros días con tu aullido
húmedo con tu hocico tierno que espera
paciente
el rayo que le trae
el sol de la tarde

La caricia preñada de miedo
hace que amar
resulte insoportable

Amoniaco 2: el hombre
Mi costado busca bajo la manta
el calor del tuyo que me adormece
en la noche
bien dispuesta sobre nuestra cama
en el silencio

el silencio me acorrala
y como un calambre
alerta mis oídos para recoger tu vaho
para comprobar
la correcta hinchazón de tu pecho

vigilo tu ruido en la noche
alejo el sueño
para que el ritmo de tu respiración
me sostenga

La caricia preñada de miedo
hace que amar
resulte insoportable

Amoniaco 3: la niña
Tu risa siempre está
en el borde del abismo
y me crecen manos para sujetarla
ojos ojos que vigilan cada hueco
piernas para estar pronta en su caída
y angustia
me crece la angustia junto a tu cuerpo pequeño

se interrumpe el eco de tus pasos
lluvia mansa contra el suelo
tu boca
sin asidero
tu voz diminuta contra el aire

La caricia preñada de miedo
hace que amar
resulte insoportable


Yolanda Ortiz Padilla – Manotazos al aire

Baile del Sol



sábado, 13 de mayo de 2017

DE LA HISTORIA, UN POEMA DE LA RESISTENCIA DE JULIÁN HERBERT




De la historia

Jorge se para frente a un pequeño Buda y dice:
«El Buda más alto del mundo mide 106 pies.
Sus colores son pardo y gris y verde.»

Las historias de siempre. Jorge habla de sus viajes,
Omar de basquetbol, yo de mi infancia.
Es como si la voz se volviera un atajo
hacia el rasguño oscuro: nuestro barrio.
Detrás de las palabras están las zanahorias
que en el huerto del patio no germinaron nunca.
Juan Ermilio golpeando con el puño
y el cuchicheo del odio en ventanas vecinas
cuando mamá regresaba borracha.

Detrás de las palabras vibran otras palabras
como la más precisa intuición de un epitafio:

Hemos vuelto. Somos los de la esquina.
Volamos a Tailandia,
ganamos el partido y leímos a Ovidio,
pero lo hicimos solo para pasar el rato.
Ahora compramos dulces en la tienda de Chago
y más tarde iremos a patear a Juan Ermilio.

Como el rostro de Buda,
las personas que nos acompañaban
se vuelven grises, pardas, verdes.
Y metemos el brazo de la voz en el aire
buscando no sé: algo. Alguna zanahoria.
Un objeto que fue nuestro en el pasado
y que al faltar ahora nos arruina el paisaje.

Julián Herbert – La resistencia

Vaso Roto Poesía



miércoles, 10 de mayo de 2017

PRESENTACIÓN EN BILBAO DE LA PRIMERA VEZ QUE VI UN ANIMAL MUERTO DE RODRIGO GARRIDO




"Dice Gonzalo Rojas en Adiós a Hölderlin que ha volado el esperma del asombro. Que ya nadie tiene la mirada abierta al milagro en nuestro tiempo de posesiones. La poesía de Rodrigo viene a llevarle la contraria, sus versos están fecundados por el esperma del asombro. Y a la vez por el pasmo aterrador de nuestro acabamiento individual. Que estamos aquí de milagro y que sin duda nos iremos. Es Rodrigo un vitalista trágico, y sus versos son una equilibrada aleación de himno y elegía, celebración y condena."

Jacob Iglesias

Louise Michel Liburuak es una librería feminista, crítica y alternativa. Está en Elcano 27 Kalea Bilbao 






lunes, 8 de mayo de 2017

CUATRO POEMAS DE LA PRIMERA VEZ QUE VI UN ANIMAL MUERTO DE RODRIGO GARRIDO PANIAGUA






EXTRAÑAMIENTO

Basta con una imagen desdoblada de uno mismo,

como quien,
incorrupto,
se observa en los escaparates,
como quien en su propia radiografía
presencia,
de la vida,
su mecanismo increíble.

Es en la distancia donde aflora
la perplejidad cándida del hombre.

En este mundo,
comprendo,
me pertenece un espacio.




EL TEMBLOR DE EXISTIR

Es lo excepcional,
la vida,
un paréntesis caprichoso
que nos salva,
brevemente,
del largo anonimato de la ausencia.

Soy incapaz de imaginar el lugar
que uno ocupa antes de nacer,

por eso ahora temo.

Observo a las personas que como yp
poseen un nombre:

la nada
es el principio y el fin
de esta identidad pasajera




ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Como el kamikaze que masculla una oración,
confío en acertar de lleno con la vida.

La felicidad
de la carne
apenas nos roza con sus labios inocentes
y el tiempo es un amante rápido y descorazonador.

No quiero volver a taparme los ojos con las manos.

En otro lugar,
alguien como yo,
acaricia ya
el color dormido de la ceniza.




ANTÍDOTO

De los senos del cielo
brota
una galaxia blanca.

Proclamo la divinidad
de estas noches
en que las estrellas parecen
ojos muy abiertos.

Abrazados
sobre la juventud leve,
el mundo es un regalo sin abrir.

Le he cogido cariño a esta vida:

muerdo tus pechos
para ser inmortal.


Rodrigo Garrido Paniagua - La primera vez que vi un animal muerto - Editorial Difacil



miércoles, 3 de mayo de 2017

EL CUADERNO DE LAS TAREAS EXTRAORDINARIAS




Este cuaderno de las tareas extraordinarias nació como una especie de terapia. Tenía unas premisas: debía estar en la mesilla de la habitación donde durmiera, debía escribir en él nada más despertarme, debía servir para recoger el impulso de los sueños para encarar mejor los días y sus rutinas. Y todo por un malestar laboral.
El cuaderno evolucionó pero mantuvo lo esencial: debía escribirse a mano, a lápiz, tal vez porque la amenaza de poder borrarse daba a lo escrito el riesgo de la fugacidad, pero también el deseo de la importancia. Colocar la fecha y escribir de un tirón sin pausa. Y nunca superar una página por día.
Luego ponía a su lado fotografías que iba haciendo con el teléfono móvil. A veces la imagen que aparece tiene una relación muy estrecha con el texto, en otras esa conexión está más escondida. Opino que siempre la hay. Entiendo que proponen un diálogo entre palabra e imagen.
Lo comencé en diciembre de 2012 y lo terminé cuando se agotaron las páginas del cuaderno comprado en una tienda de muebles de origen sueco, en mayo de 2016.
Me acompañó a algunos de los viajes que hice en ese tiempo, aunque no siempre escribí en esos días. En ocasiones estaba meses sin atenderlo, en otras escribía varios días seguidos.
Es un cuaderno de tarea, una forma de recoger de lo habitual y rutinario lo más hermoso y sustancial, lo extraordinario. Ese sí era el primer impulso de su comienzo.
Para esta edición que se debe al entusiasmo de Jaio la Espía, y su A Fortiori Editorial, he vuelto a reescribir los textos seleccionados. Sólo he corregido errores ortográficos y gramaticales, intentando mantener la efímera escritura del instante y el lápiz. He podido descubrir que incluso cuando lo transcribía con el objeto de que fuera legible debía escribir hasta el final del texto y/o la página porque de otra manera las palabras se desinflaban y dejaban de tener el sentido que las animaba.
Algunos textos pueden leerse como notas de diario, otros como pequeños poemas. Muchos están escritos a mi hijo, otros están escritos sobre mi padre. No tener más reglas que recoger las tareas extraordinarias de los días nos permite ser directos con la importancia, con las ganas de vivir, mejor.




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