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lunes, 3 de junio de 2024

ALAMEDA UN POEMA DE LEDO IVO EN CALIMA

 





Alameda



La muerte florida

al final de la avenida


La muerte dormida

sobre un colchón de plumas



sin ser ya la muerte

ni ninguna otra cosa


La muerte en un esquife

contra los arrecifes


La muerte soñada

antes de la alborada


La muerte muerta

después de vivida


puñado de polvo

después de tanta vida


La muerte asesinada

cerca de la ensenada


Muerte palafítica

de manglar y vertedero


La verdad oblicua

del charco de sangre


La muerte en el fango

¿hombre o cangrejo?


La muerte en un obús

oculto en un autobús


parado en la esquina

del Jardín Botánico


La muerte mortaja

que viste solo a los desnudos


el humano aullido

del excremento y el pus


La muerte jauría

que ladra en la oscuridad


un latín perdido

en la noche de vidrio


La muerte un pétalo

perdido en la niebla


perdida entre piedras

donde nada crece


el hedor de la vida

que en el cielo se rasga


el humo curvo

que se disuelve en el cielo


y se burla de los laureles

y los mausoleos


La muerte perdida

y siempre encontrada


marca digital

en la hoja pasada


medalla pisada

en la misa de gallo


desecho de un diente

en el hilo dental


La muerte que cae

como un temporal


Muerte alagoana

de los asesinados


echados de blanco

en pleno bochorno


La muerte de morado

toda enmaderada


igual que sale una aurora

de la madrugada


La muerte en la cama

un grillo en silencio


tan solo un grillo

sobre la hierba.




Ledo Ivo

Calima


Martín López-Vega


Vaso Roto Poesía


sábado, 27 de enero de 2024

LA MALETA UN POEMA DE AURORA DE LEDO IVO

 





LA MALETA



LAS sombras que los amantes dejan en la espesura

tras los lentos pasos de la iniciación,

la canción que calla cuando acaba la fiesta,

la huella digital en el pasamanos,

el murmullo de la lluvia y la soledad de la piedra,

el gato episcopal y el perro insensato

que husme el hedor del día putrefacto,

las imágenes del amor y el tiempo vagabundo,

la dulzura de la tierra y el estertor del mundo,

el fuego de la hoguera y la luz de la madrugada

llévalo todo contigo, no te olvides de nada,

ni las islas de los hermosos océanos

ni las hojas doradas de los otoños

y las miasmas que reinan en el fondo de los pantanos.

La muerte no perdona a quien no lleva nada

y va a su encuentro con los brazos cruzados.

Cuando te marches, llévatelo todo:

incluso la indiferencia del cielo mudo.




Ledo Ivo

Aurora


Traducción de Martín López-Vega


Editorial Pre-textos



miércoles, 18 de enero de 2023

EL LUGAR SIN LLAVE UN POEMA DE RELÁMPAGO DE LEDO IVO

 

 

 

 

EL LUGAR SIN LLAVE

 

 

 

¿Quién guarda durante la noche

la llave del depósito de cadáveres?

El depósito no tiene llave.

Siempre está abierto

ya sea de noche o de día

en una incesante porfía,

en el vaivén interminable

del ir y venir de cadáveres.

En la hediondez de la ronda nocturna

siempre hay alguien de guardia

con la mano cansada de abrir

el helado cajón.

Y cese toda esperanza:

la mortaja no tiene bolsillo

en que guardar los ahorros.

Sepan todos los vivientes:

simiente de lo inexistente,

la vida siempre está de muerte.

El último misterio

acaba en el cementerio.

Para el difunto ilusorio

que aprecia el logro del fuego

termina en el crematorio,

en la trituración de los huesos

en la humareda que se estira

y como un vómito alcanza

el cielo de la desesperanza

en el cielo sin cielo y sin pájaros.

 

 

 

Lêdo Ivo

Relámpago

 

Traducción de Martín López-Vega

 

Valparaíso Ediciones


martes, 22 de agosto de 2017

UN POEMA DE REQUIEM DE LEDO IVO






I

AQUÍ estoy, aguardando el silencio.

Ante el astillero podrido
vislumbro apelas la astilla
que sobrevivió a las iluminaciones.
Como todas las sobras, trae la marca
de las cosas escondidas para siempre
o de los seres sepultados en lo alto de las dunas;
como las letras grabadas a fuego
en el anca de un caballo robado por un gitano, o una marca de nacimiento
en la cadera bien amada.

Ahora la noche desciende para siempre.
Mi mirada fatigada sigue la canoa
que se aleja por los manglares.
Una luz en la restinga. Un cangrejo en el lodo.
Y la vida se evapora como las almas
en el cielo que ningún dios ampara.
Todos los paisajes que vi se volvieron polvo
en postales descoloridas. Y la uña sucia, orlada de negro,
ocupa el espacio de la mano antigua. Las puertas sucesivas
de las dársenas que almacenaban ristras de cebollas y sacos de azúcar
se encogen en la oscuridad, reducidas a una única puerta
refractaria al fogonazo de la aurora.

En la Barra de São Miguel, ante el mar,
sólo ahora aprendo
que el día más largo del hombre
dura menos que un relámpago.

El tiempo no volverá a ser celebrado
entre las constelaciones.
El cielo y la tierra desaparecerán
en la ceniza desengañada
de las mañanas robadas por la muerte.
Todo cuanto amé ya se disuelve
La nube escarlata se posa suavemente
entre las casas de tapial y el mar rasgado por las olas.

Llegó la hora de decir adiós al agua negra
que se eriza en la tiniebla de la laguna
y al viento planetario que seca el pescado
colgado en los maderos de las chozas
y el mar caeté que se abrió
ante los acantilados de mi patria perdida.

La eternidad pasa como el viento.
Solo el tiempo es eterno. Siempre estuve aquí
en medio de mi pueblo diezmado,
y mis manos prepararon más allá de las dunas
la dorada hoguera antropofágica
del asombroso festín. Una noche de cenizas
sucede ahora al clamor y a la alegría.
El mar borra todos los naufragios
y todo fuego se extingue todo fuego dorado
se alarga y se apaga en el silencio del mundo.

Aquí, en el lugar del agua y tierra de mis nacimientos sucesivos,
mi sombra vaga entre los escombros
de los navíos perdidos o soñados.
Y busco en vano, en las aguas ofendidas,
la castidad del agua intacta y clara
que aflora en el mar cuando la aurora estalla
en el corazón de la noche enmudecida.

!Oh puerta prometida al consuelo de la vida.
Después de tanta inmundicia y de tanto esplendor!
En esta noche final, las hogueras celestes
calcinan toda esperanza y sepultan en la ceniza
los sueños insensatos de las almas terrestres
y el estertor que suprime cualquier paraíso.

En la noche crematoria, la muerte es una hoguera.



Lêdo Ivo – Requiem

Traducción de Martín López-Vega