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martes, 23 de junio de 2026

RETRATO DEL POETA ADOLESCENTE DE BEN CLARK EN DEMONIOS

 






RETRATO DEL POETA ADOLESCENTE


Me duele el corazón y un pesado letargo

aflige a mis sentidos

JOHN KEATS



Un poema que no hable de tu infancia

que no menciona nunca a aquel amigo

que un día, de repente, fue un recuerdo.


Un poema que no tenga palabras

que convoquen los sábados de otoño

cuando nadie llamaba para el cine.


Un poema sin años de instituto

y sin amores huérfanos

exageradamente exagerados.


Estoy escribiendo.

Un poema

sin referencia alguna a tu dolor,


a la cueva que hiciste con tus libros

mientras ellos quedaban en la playa.

No voy a recordarte aquellos años.


Este poema puede ser distinto.

Tienes tiempo, conoces

los atajos, los trucos y los golpes


de efecto que funcionan casi siempre.

Ponte a ello pues, escribe cosas nuevas:

construye una alegría en este verso.


Pero hay algo detrás que te lo impide.

Detrás de este poema está el poema

del que llevas huyendo desde entonces.


El poema que no,

el poema que nada,

el poema que nunca.


Un poema de piel de ruiseñor

que desea el deseo

y que no quiere ser distinto, raro,


que querría dejar de ser poema

para ser cuerpo, culpa, su secreto

guardado en un diario rosa palo


(o algo igualmente cural, da lo mismo).

Lo que quiero decir es que no puedes

escribir el poema que hay detrás,


pero tampoco puedes

conjugar las palabras de otro modo.

Por eso esto no es nada, es un poema


que no, que niega toda relación

con tu pasado triste de medusas

cazadas en la orilla


cuando ellos se reían bajo el sol

y cuando ellos se amaban bajo el sol

y tu escribías versos en el agua.




Ben Clark

Demonios


Premio de la Crítica 2023


Sloper


martes, 1 de abril de 2025

UN POEMA DE LOS HIJOS DE LOS HIJOS DE LA IRA DE BEN CLARK

 






II



«Hijos de la bonanza», nos llamaban.

Los que no conocieron ni la hambruna

ni las agudas larvas de estridencia

chillando en el oído por las bombas.

Y cuando nuestras piernas, tan delgadas,

caían y sangraban porque el parque

era de un hormigón armado y frío,

se quedaban callados, observando

nuestro llanto con un gesto de sorna.


Debíamos vivir y dar las gracias

por la ocre rozadura en la garganta

que provocaba el aire al refugiarse.

Agradecer las flechas de las nubes

y que un fango lechoso a nuestros pies

en un último gesto agonizante

le mordiera las botas al progreso.

¿Y cómo agradecerles la alegría?

La risa provocada por los hombres

inocentes del mar

cuando se encaminaban hacia el río

dispuestos a bañarse entre excrementos.


También estaba el tedio

de tener que explicarles a los niños

palabras como pueblo indio, oso

pardo, ballena azul o lince ibérico.

Pero esto eran minucias, sacrificios

en nada comparables al sufrido

por aquellos que ahora nos decían

hijos de nuestra sangre, tan severos.


Aunque, a veces, es cierto, no fue fácil,

simplemente intentamos ir viviendo.

Haciendo caso omiso a los escrúpulos,

al vacío que moraba en nosotros,

hijos de la bonanza;

los hijos de los hijos de la ira,

herederos de todos los despojos.




Ben Clark

Los hijos de los hijos de la ira


Editorial Delirio