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viernes, 3 de noviembre de 2023

DOS POEMAS DE LUZ HIERBA DE INGER CHRISTENSEN

 


 

 

SENTADA EN LA RAMA DE MI SENSATEZ

 

 

Sentada en la rama de mi sensatez

sierro sierro con sierra raída enroñecida

juguete escondido desde mi infancia

 

sierro sierro viene el invierno

deprisa deprisa manos ansiosas

soltadme soltadme al fondo de mí

 

 

―――――――――――

 

 

YO

 

 

A man and a woman Are no,

A man and a woman and a blackbird Are one.

 

 

Unión envuelta en plumas

Tú y el ala de un mirlo

La joya cantarina del árbol vespertino

El escondite del hombre en el pájaro

La clarividencia del pájaro en él

Vuelo natural Conciencia

Yo

Soy quien observa

 

El crepúsculo de la dicha

Hombre y mirlo vencidos

Pulsión en reposo en ambos

Beben con el mismo corazón

Cantan con el mismo pico

Primer plano de la fortificación

 

Yo

Soy quien está fuera

 

Dolor irreal

El juego del mirlo y tu voz

El eco de la relación y noche

Escucho el canto del hombre

Capto la lengua del pájaro

Piando ¿Soy una mujer?

Yo

Soy yo quien está abierta

 

 

 

 

Inger Christensen

Luz Hierba

 

Traducción Daniel Sancosmed Masiá

 

Sexto Piso Poesía


viernes, 1 de octubre de 2021

EL VALLE DE LAS MARIPOSAS DE INGER CHRISTENSEN

 

 

 

 

II

 

⁰⁰

Palomas inquietas por doquier

y el miedo del poema

que asustado

alza el vuelo

al más mínimo

movimiento.

Tiro miguitas de pan

para que las palabras se queden

quietas.

Pronto

sólo queda

un picoteo

tras la menor

migaja

de significado,

sin frase

y cruel.

Pronto sólo

una legítima

violenta paz.

 

⁰⁰

Entonces la luz irrumpe

de repente en el interior

y se grita a sí misma

a la cara

cuando nacemos.

Pero más absurdo

y bello

como en una imagen residual

del dolor

los ojos escuchan

a la luz,

que es blanca y fluida

como la leche.

Y mientras bebemos,

escuchamos la sed

que se apaga.

 

⁰⁰⁰⁰

Salgo a la terraza

mientras el crepúsculo abre sus exclusas

y todo se funde

consigo mismo.

Y lo que preguntabas

de la telaraña

y del agua bañada por la lluvia,

quizá,

pero no sé seguro

si el rocío se puede recordar.

Ese rocío que en verano

cubría la telaraña con un vello tan suave

como sólo un milagro puede ser;

aprendí lo que era el trabajo,

que era así,

como la palabra dug, «rocío»,

y si se leyera al revés,

como gud, «dios»

 

 

 

Inger Chistensen

El valle de las mariposas

 

Traducción de Daniel Sancosmed Masiá

 

Editorial Sexto Piso