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martes, 31 de enero de 2023

BOLERO FRÁGIL UN POEMA DE DERIVAS DE LARA LÓPEZ

 

 

 

BOLERO FRÁGIL*

 

 

 

En las noches de amor es difícil escuchar el viento.

Nadie piensa en las mañanas de Reyes

en las que habrá que amontonar unos

libros, pocos, y cuatro fotografías.

Noches en las que «llueve y llueve»

como si fuera hacerlo para siempre

y hay que sostenerse en los claros

que la luz musita. Reflejos de arco iris

desvaído que acorta distancias

en mitad del invierno. Suena Ruibal

en spoty y te da por soñar con las glicinas

y los alhelíes de la Alhambra,

en el breve dormitorio donde se dirime

el mar pequeño antes de dormir.

Y ahora, sí, escuchas el batir de las puertas,

desencajadas, la madera que cruje

y se hace fuerte en este silencio arrecido.

 

 

 

*Después de haber escuchado el mensaje que ha llegado en medio de la noche, cierras con cuidad lo puerta del jardín primero y de la cocina después. Derramas la leche al preparar un café que se enfriará en la taza. La luz de la campaña volverá a quedarse encendida.

 

 

 

Lara López

Derivas

 

Prensas de la Universidad de Zaragoza


 

sábado, 23 de julio de 2022

PARROQUIANA Y DOS POEMAS MAS DE LARA LÓPEZ EN ANTOLOGÍA DE BOLSILLO

 

 

 

 

Parroquiana (a Lidia Jorge)

 

 

Has regresado a Boliqueime.

Tres días y todavía no

se ha desvanecido

la sorpresa de encontrarnos

inesperadamente en aquella plaza,

leo en tu mail. Todavía

sientes la alegría repentina,

la emoción, escribes,

con tu letra escolar en el teclado.

Traduzco o teu lenço vermelho

y me parece oler a trementina.

Vuelvo a abrir los sobres

con reproducciones de Velázquez

y el Greco que solía pegar

en aquellas cartulinas blancas.

Y recuerdo los óleos de G. amontonados

en aquellos talleres inacabables

entre Morata y Chinchón.

Tengo la imagen de tu rostro

(yo también la tuya)

sentada entre esos árboles

y pienso que no sé si te gustó

el pañuelo rojo que no te vi puesto.

¡Tu imagen y la de tu hermano,

escribes, tan joven,

con una sonrisa tan abierta!

En el Algarve, la trama del lino arrugado

sobre la cama. Es verano.

Oigo chicharras y perros

y voces adolescentes que rebotan

a las afueras. Olas desacompasadas,

para recibirte, amiga,

esta noche sin luna.

 

 

 

Tiempo circular (A Esther Muntañola)

 

 

Deja que te coja el brazo, de este lado está bien.

Así puedo ver tu nariz haciendo sombra

a los tilos del paseo. Ya sé que lo estás.

La tristeza es como meter los pies en el agua.

A poco que te descuides, te congelas.

No hay que dejarse la rebeca en casa.

Mira el suelo, la flor de la catalpa.

El viento de estos días, qué primavera rara,

tan lluviosa que parece primavera. Riéte anda,

como si fuera cierto que es ahí donde se quedan

para siempre los ratos muertos. ¿Hace frío?

Un corazón roto, sirve, sin embargo, ¡duran

mucho!

La obsolescencia debe de ser cosa de órganos

más sofisticados. Me sudan las manos.

Lo siento. ¿Te suelto? ¿Llegamos hasta el cruce

y nos volvemos? Aquel verano, una luz

como esta,

el soplo de la brisa oliendo, como ahora,

a espliego y manzanilla, camino a la iglesia.

Sentarnos bajo los castaños para no hablar

de nada.

No te vayas, te digo. Deja que me hagan a la idea

de no volver a verte en un buen tiempo.

 

 

 

Cantueso (a Luz Pichel)

 

 

Trenzo cantueso y romero en flor

unas espigas verdes, esta rama de olivo

y esta otra de laurel que no quemó

la nevada (la higuera y el pruno,

tan fuertes por fuera, no lo han logrado).

El año que viene por estas fechas,

sentadas en el escaño, a la lumbre,

el ramo será ceniza y buscaré canciones

que serán humo tu siguiente

cumpleaños.

 

 

 

Lara López

Antología de bolsillo

 

Ediciones Liliputienses


domingo, 4 de octubre de 2020

NEVABA EN MADRID UN POEMA DE INSECTOS DE LARA LÓPEZ

 

 

 

 

NEVABA en Madrid.

La mujer y el hombre

conversaban agitados

en el balcón de enfrente.

El olor de los boquerones fritos.

Pegados como estaban

aquellos apartamentos,

la sintonía del telediario

en la televisión de al lado,

discusiones sobre vender

y comprar algo mejor,

en Guardamar,

sin ir más lejos.

Frases sueltas,

relámpagos de luz.

Sudor.

Las manos enguantadas.

Apoyada en la farola

intentas controlar la respiración.

Aquella mujer

en el balcón de enfrente,

segundos antes de lanzarse al vacío.

Tus padres,

sus gritos durante horas.

Los tirones para que entraras sin protestar

en el Citroën ocho

en medio de un río de lágrimas.

Los «deja de llorar»

del último día que viste a tu padre.

Allí, entre Alcalá y Gran Vía,

la mañana de la última nevada.

 

 

 

Lara López

Insectos

 

papeles mínimos ediciones