jueves, 9 de julio de 2026

EL LADO IZQUIERDO DE JULIO MAS ALCARAZ

 






Escucho la voz de Dios solo

por el lado izquierdo de los auriculares.


Tiene voz de mujer

que siembra tomillo en los surcos

de los discos de vinilo

y canta boleros con la boca llena de semillas.


Me habla de cosas pequeñas:

del café que espera en la mesa,

de las hormigas que cargan

migajas más grandes que ellas,

de las hierbas que rompen el cemento

para besar los zapatos de los condenados.


Susurra con el lenguaje

de los gatos que se miran desde ventanas opuestas,

de los peces que adelantan a los petroleros

cruzando bajo sus quillas.


A veces tararea una canción que no existe,

hecha del roce de la piel

en las sábanas limpias

y de uvas pisadas en un barreño de madera,

y mis labios se separan despacio

intentando seguir la melodía,

pero se me escapa antes de aprenderla.


Cuando bajo el volumen crece el silencio,

ese silencio incómodo de quienes no se conocen,

y percibo su respiración como un viento

que sube por las escaleras de incendios.


Pienso en su boca y veo

una ranura de teléfono público

donde caen las monedas de las madres.


Por el auricular derecho llega

el rumor de una nevera en un piso abandonado,

el traqueteo de una cinta sin equipaje,

y el eco de un martillo golpeando el hielo.


Le pregunto por los niños quemados

que duermen en tiendas de campaña,

por quienes lamen el rocío de las alambradas.

Dios tose y sus palabras

caen como dientes sobre el suelo:

«¿Dónde están tus hermanos?

¿Qué hacen?».


Y entonces, solo entonces,

dejo que su voz me arrastre

hasta donde las palabras arden

y nadie distingue la culpa

de la vergüenza.


Escucho la voz de Dios por el lado izquierdo,

el lado por donde empiezan las partituras

y los motines,

la orilla de los expulsados del paraíso,

donde la luz ilumina los turnos de noche

y nadie espera una llamada.




Julio Mas Alcaraz

El lado izquierdo


Ilustración de Enrique Cabezón


Pliegos del escorpión azul


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