TELEOLOGÍA DEL ÚLTIMO BESO DURANTE
(Y NO ANTES DE)EL ACCIDENTE
Lo último que hacen todas las víctimas de accidentes de tráfico
antes de morir
es pasar por un roce frío y apresurado
inexacto.
Pasan por la levedad de un beso sobre
la almidonada piel de un airbag que tarda
25 milésimas de segundo en convertirse en cuerpo (o amante).
Cinco veces menos tiempo de lo que tarda en guiñar un ojo
dice Google.
Cinco veces menos tiempo de lo que se tarda en decir adiós
digo yo sin querer.
En nuestros últimos segundos
somos infieles a todo(s) lo(s) demás
en nuestros últimos segundos
con la artificialidad irresistible del nylon
en nuestros últimos segundos
los accidentes de tráfico repiten
los patrones simétricos de un copo de nieve hexagonal.
Allí se esconde un paisaje quebrado de ramificaciones que exhibe
en cada uno de sus seis vértices
estrellas de puntas afiladas como lápices
y en cada uno de sus seis ángulos agudos
―agudos y cerrados como el sexo de las tijeras―
agazapados
unos labios obtusos y entreabiertos
y una vida que se escapa (o eso dicen)
como escapa el aire del airbag recién hinchado.
Todos los accidentes de coche
son un beso doble seguido de dos estadillos
beso metálico y estallido del gas que se activa ― 25 milésimas
de segundo
beso acolchado y estallido del cuerpo que desaparece ― todo
lo demás
Cierra los ojos, aparta tus manos, separa tus labios y traga saliva.
Cosmética del accidente: chapa y pintura.
Beso y capó.
Pum, crash, muack, psst14.
Qué rápido.
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14 No necesariamente en este orden.
Javier Iáñez Picazo
Entretenimiento para incendios
Difácil

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