martes, 25 de agosto de 2026

UN POEMA DE RÉQUIEM Y EXALTACIÓN DE MATIAS ESCALERA CORDERO

 







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Hijos del trabajo

No tengo la voz de los que me precedieron…

Ni en la nuestra o en las otras lenguas de la soledad…


No soy el viejo Whitman ni Adrienne Rich

Ni mucho menos aún el trágico y sincero Vladimiro: no tengo la mirada

De Kollintai…


Tampoco tengo la gracia para la pedagogía del viejo Bertolt

Ni la paciencia del compasivo Weiss o de la invencible Rosa…


Y que decir del carisma del camarada Miguel o de la camarada Teresa

Tampoco gozo del magisterio profético de don Antonio…


No impostaré jamás sus voces: ni la de un Salvat-Papesseit

O la de los humildes Leiras o Salvacochea: ni la tierna aguda dureza

De Blas o Gabriel o Ángela…


Pero debajo de esos sucios glaucos celajes de percalina

sobre las aceras

o bajo los puentes: en los túneles de la ciudad de la servidumbre

Aun os amo lo suficiente como para deciros (justo antes

de odiaros irremediablemente…) que ahora

[antes del fin sin más dilación

os abracéis a un árbol: que cerréis los ojos

y que busquéis

la puerta abierta del tiempo infinito…


Y que no olvidéis los sueños…


Los sueños abrazadlos también: los necesitaremos...




Matías Escalera Cordero

Réquiem y exaltación


Lastura


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