LOUISE ALCANZA LO INTANGIBLE
y vive en mis sueños,
en una utopía inventada
amasada como el pan,
con paciencia y lentitud
para contar la historia
cuando ya no esté.
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LOUISE SE TRAGÓ EL PAISAJE Y ESCUPIÓ EL VENENO,
de golpe,
y su historia no acaba nunca,
es cíclica como una noria de feria
y un niño contemplando el fracaso.
Es decir, Louise es inmensa y flota en la lejanía
y una tarde de agosto me pidió que te contara
de dónde vino para escapar de la embaladura.
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LOUISE ES LA LIMPIDEZ, UNA SEÑAL,
el lenguaje vetusto del paisaje.
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SOBRE LA ESCALERA, LOUISE,
y sobre Louise
la creencia de lo corpóreo, lo cotidiano
y el instinto de supervivencia.
Subí la escalera y creí en ella,
pero no puedo hacer que creas tú.
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SI PELAS LA MANDARINA Y CONSIGUES EL EXACTO EJERCICIO,
los mismos movimientos,
una escena que se aproxime,
entonces, tal vez, la mandarina te transporte
al origen.
Una mujer no tiene pene,
how disappointing,
how disappointing.
Sin embargo, la figura cobra sentido
con la delicadeza del corte
sobre la cáscara de la mandarian.
No hablo del resultado final
ni del objeto artístico:
te hablo del proceso,
del gesto poético de las manos.
Vi las manos de Louise y pensé en las manos
de mi abuela,
aunque mi abuela no cortara cáscaras de mandarinas
con un cuchillo ni dibujara figuras sobre las pieles.
Sara Herrera Peralta
El piar de los pájaros y el goteo del agua que cae del techo
La Bella Varsovia


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