lunes, 9 de noviembre de 2020

TRES POEMAS DE LA BELLEZA DE AMANDA DURÁN

 

 

 

 

La última palabra de mi madre fue un aullido.

Sostuve su cabeza con mis manos

y rompí el cascarón de su frente, para que pudiera irse.

Ella se quedó ahí observando

cómo el reloj seguía el mismo baile

de esa mañana cuando el mismo cuadro,

colgado en la pared, se movía con el viento.

Abrí con mis dientes la herida

para que saliera volando.

 

 

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En esas despedidas los muertos nada dicen

presumen actitud de belleza, les preocupa

el verse así, ridículamente hermosos.

Se les apaga el alma —dicen—, y luego

despiertan violentamente, solo para mirarse

desde afuera, el resplandor

ese que ya he visto en ella.

Se revela oscuro: un matiz de polvo

sobre una piedra brillante.

 

 

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Yo elijo amor, pero es Furia

la rabia de un universo que no duerme

y se abriga, muerto de frío

bajo mis uñas

al advertir el hueco de su carne.

 

Yo quisiera que la palabra fuera también ruido

una mano que arruga montones de papel

que revienta burbujas plásticas

que se encierra alfileres en el vientre.

Yo quisiera Furia —aunque elegiría amor

y no esta falta

esta laguna discreta y elegante.

 

 

 

Amanda Durán

La belleza

 

Amargord Ediciones


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