lunes, 8 de mayo de 2017

CUATRO POEMAS DE LA PRIMERA VEZ QUE VI UN ANIMAL MUERTO DE RODRIGO GARRIDO PANIAGUA






EXTRAÑAMIENTO

Basta con una imagen desdoblada de uno mismo,

como quien,
incorrupto,
se observa en los escaparates,
como quien en su propia radiografía
presencia,
de la vida,
su mecanismo increíble.

Es en la distancia donde aflora
la perplejidad cándida del hombre.

En este mundo,
comprendo,
me pertenece un espacio.




EL TEMBLOR DE EXISTIR

Es lo excepcional,
la vida,
un paréntesis caprichoso
que nos salva,
brevemente,
del largo anonimato de la ausencia.

Soy incapaz de imaginar el lugar
que uno ocupa antes de nacer,

por eso ahora temo.

Observo a las personas que como yp
poseen un nombre:

la nada
es el principio y el fin
de esta identidad pasajera




ÚLTIMA OPORTUNIDAD

Como el kamikaze que masculla una oración,
confío en acertar de lleno con la vida.

La felicidad
de la carne
apenas nos roza con sus labios inocentes
y el tiempo es un amante rápido y descorazonador.

No quiero volver a taparme los ojos con las manos.

En otro lugar,
alguien como yo,
acaricia ya
el color dormido de la ceniza.




ANTÍDOTO

De los senos del cielo
brota
una galaxia blanca.

Proclamo la divinidad
de estas noches
en que las estrellas parecen
ojos muy abiertos.

Abrazados
sobre la juventud leve,
el mundo es un regalo sin abrir.

Le he cogido cariño a esta vida:

muerdo tus pechos
para ser inmortal.


Rodrigo Garrido Paniagua - La primera vez que vi un animal muerto - Editorial Difacil



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