miércoles, 20 de enero de 2016

YO, CHATARRA, ETCÉTERA. PRESENTACIÓN EN BILBAO LIBRERÍA CÁMARA


El próximo viernes día 22 de enero a las 19:30 presentación de Yo, chatarra, etcétera de Alberto Santamaría. Librería Cámara. Euskalduna, nº 6 Bilbao

Un poema del libro.

VIEJA CARRETERA DE BURGOS

Cuando me enteré de la muerte de Seamus Heaney
mi mujer conducía el coche.
Se lo dije en voz baja y continuamos.
Mis hijos dormían en sus sillas:
perfecta gramática del sueño.
Atravesamos así la vieja carretera
de Burgos
con la deliciosa sucesión
de puticlubs
y cuevas prehistóricas.
Sonaba Kevin Junior y afuera,
como si de una realidad
a punto de extinguirse se tratase,
viejos y hermosos robles
hacían alarde de su sed de permanencia
en este mundo. Su estupidez
contradecía la sensata necesidad de sus raíces
de ocultarse. Y volví a Seamus Heaney,
y a aquello de que la pérdida
siempre ocurre fuera del escenario, pero
no le dije nada a mi mujer, que conducía.
Recuerdo que esa misma tarde mi hijo mayor
estuvo cavando
y cavando
y cavando en busca de insectos. Algunos huían
avergonzados
y otros se ovillaban esperando la muerte. Y hallé
una hermosa relación entre esos insectos y Seamus Heaney,
pero enseguida la olvidé.
Era agosto. Las nubes se espesaban al atravesar la tarde.
Arrastraban sus pies como un anciano.
Pronto llegaría septiembre.
Ha sido un buen verano, pensé.
A media tarde volvimos a casa. Mi mujer conducía,
mientras
a su lado, yo callaba.
Mis hijos cantaban una canción sobre sandías
y vagones de tren. Y algo sobre un hombre
que con dificultad 
enfermiza
buscaba una zapatilla
oculta bajo la fruta.
Al día siguiente madrugué y comencé a pintar
nuestra habitación de un color llamado
"arenas de Egipto". Es muy luminoso,
me había dicho el dependiente. Le hice caso,
a pesar de mi desinterés por Egipto y su arena.
Y fue sin embargo en ese instante cuando hallé
una hermosa relación entre Heaney, el dependiente
y el color que había comprado. Era una relación
bella y desesperada,
como la vieja carretera de Burgos.
Hallé una relación, es cierto,
pero como las declinaciones en latín
o la voz de mi padre,
pronto la olvidé.


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