miércoles, 5 de febrero de 2014

POESÍA Y MALTRATO


Niños de la familia, en la escuela, del archivo de Pablo Müller



«Todos los aguijones dulces que salen de las manos,

todo ese afán de cerrar párpados, de echar obscuridad o sueño,»

Vicente Aleixandre



De niño quería ser soldado,

como otros hombres de la familia,

— impedidos de más disparo

que el que se hace a las palomas —

Capitán Trueno, El Cid,

hasta que en una librería encontré

Espadas como Labios,

en un libro.


Le dije a mi padre que quería ser poeta

y me dio una paliza, — un golpe en el labio,

un golpe en la mejilla, un golpe en la nariz y sangre, y

 otra vez en el labio,

— al ritmo de quien golpea pelota con pala

en el frontón —, un golpe, labio,

un golpe, mejilla,

un golpe, nariz y sangre.


Mi madre me llevó al baño y la sangre

en la loza escribió los versos, — recuerdo

el ritmo de los golpes,

con el sonido alivio del agua corriendo,

con el sabor a sal de lágrima y sangre,

como un mar.

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