lunes, 10 de febrero de 2014

MI OTRA MANO EN MI HIJO



el hijo en abril de 2011 por Pablo Müller


«mi otra mano en mi hijo

tiembla con la edad que aguardan los hombres

y no hay muerto que no tenga su muerto apretado,

ni su duda de arista, ni su alivio inasible»

Enrique Falcón - Porción del Enemigo

 

 

Hay que escribir poemas cuando tenemos hijos,

hay hijos en todos los poemas.

 

En la cafetería del polideportivo un padre relata en voz alta el cuento de la lechera de la masa muscular del hijo preadolescente futuro tal vez profesional de futbol o no, las maniobras legales del club local para evitar el viaje de los niños con balón a Amsterdam, Liverpool, Madrid, Munchen, Ciudad Juárez

 

Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe parece que dijo Jorge Luis Borges.

 

Añado tras leer a Enrique Falcón que además es importante el lugar desde donde se lee, un lugar de asombro y desnuda humildad,

desde lo pequeño, madriguera de ratón, hueco de refugio de los insectos caseros, lo grande que quiere ser Borges qué importancia tiene y para qué es necesario…

necesario es vivir y navegar,

para vivir es necesario el amor y el amor es el vínculo útil que nos comunica con el extranjero, con los muertos, con las estrellas

y no con el agujero negro que Borges intuía en el reflejo acharolado de betún altivo de la bota del militar que se meaba en sus libros y en los de Bertolt Brecht

y aquí yo soy Borges en su mismo miedo.

 

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