jueves, 6 de diciembre de 2012

LA CIUDAD ES EL TERRITORIO DE LAS OBRAS







Ciudad de Valladolid, agosto de 2012 por Pablo Müller




“Ya ni el propio cuerpo que llevas puesto te pertenece, estás cansado y duermes”
Juan Carlos Mestre


La ciudad es el territorio de las obras y de las manos.
Las manos son necesarias para calcular las distancias con los metales.
Los metales son los lápices con los que se dibujan las jaulas de los pájaros.
Una jaula de pájaro es alegría cuando nada la ocupa.
Los músicos son una forma de solidaridad con los pájaros.
Los pájaros y los automóviles tienen antiguas disputas y se acumulan agravios con la avidez de los especuladores.
Los vehículos con motor construyen la ciudad del no y de las expulsiones.
Las expulsiones son el fracaso de los árbitros y de los maestros, como la cirugía es el fracaso de la medicina.
Las autoridades son la confusión.
Quién confunda a los metalúrgicos recibirá los saludos por la tarde de los pájaros.
Los bienes comunales son como las palabras de los niños cuando juegan.
Hay también depredadores que no son animales de compañía.
La compañía es además una mujer que se desnuda.
Ahora es una tarde de musgo: la última del verano.
Ahora es una verdad a medias, la mejor de las verdades.
Los domingos son los días para el descanso de los barcos.
La compañía es además una mujer que se desnuda.
La noche es el momento del descanso para nuestras palabras, dice el escéptico en la asamblea de las noches.
La ciudad es el territorio de los cuerpos, los propios y los ajenos.



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