miércoles, 10 de junio de 2026

¿QUÉ PUEDE LA POESÍA? UN FRAGMENTO DE CHRISTIAN PRIGENT EN UN LIBRO DE BASSARAI EDICIONES






5. Quien escribe no escribe porque viva la relación para con la lengua como un drama o una dificultad. Quien está en la lengua como pez en el agua, quien vive la relación para con la lengua como una relación instrumental natural ese no ése no escribe. La convivencia de los hombres en sociedad supone este acomodo locuaz y esta instrumentalización práctica del logos. A falta de lo cual hay una ruptura de la socialización, hay angustia, afasia, barbarie. Por si no tiene lugar más que este dominio, si se identifica por completo el hecho de hablar con esta herramienta socializadora, entonces los hombres son sometidos a la añagaza de la adecuación de los lenguajes a las cosas (a la ilusión de la verificación) y, por lo tanto, a la omnipotencia reguladora del discurso contractual: la articulación de los nombres retira a la experiencia la verdad abierta de lo real (reacio a las representaciones, que no atiende a razones ni a ideologías). Las condiciones de la alineación se reúnen entonces. Es una cuestión política: la dominación totalitaria encuentra ahí su terreno de enraizamiento. Y ahí, quizá, se perfila a fin de cuentas, a pesar de todo, un atisbo de respuesta a la pregunta de lo que puede la poesía: al menos da muestra de un esfuerzo de resistencia a lo dominación que digo.

6. Hay un tipo de hablante que vive la relación para con la lengua como goce, es decir, como pérdida, dolor y placer mezclados. Ese tipo es lo que se llama un escritor, más aún, un poeta. Ése escribe forzosamente contra. Contra su propio sometimiento, contra lo que el mundo alrededor de él maquina como fuerzas de avasallamiento, contra la fatalidad contractual de la lengua, contra lo que esta fatalidad engendra como fuerza de sumisión a la estupidez del mundo, al sistema idólatra de las representaciones habituales, a la presión de la comunicación vacía. Para ése al que la lengua inquieta hay una necesidad, trabajando la lengua, de resistir a la presión de la misma lengua y de excavar en la lengua muerta espacios donde se reconstituye una vitalidad: las ocasiones del sentido imprevisto, que no atiende a razones, flotante, libre. Escribir quiere decir dar(se) esas ocasiones (fugaces, irrisorias, siempre discutidas de nuevo, siempre reinvestidas por la potencia de clausura ideologizada). O sea: «hallar una lengua» (lo cual es una paradoja, puesto que las lenguas así halladas en el agujero de la lengua dejan, en el momento mismo de su hallazgo, de ser lenguas porque nadie más sabría hablarlas).

p.68-69



Christian Prigent

¿Qué puede la poesía?


Felipe Juaristi, Jean Ristat, José Hierro, Christian Prigent, César Antonio Molina, Jean-Michel Maulpoix


Bassarai Ediciones


 

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