domingo, 10 de marzo de 2013

LA ALIMAÑA QUE NOS ASUSTA




En viaje entre Vitoria e Iruña, en febrero de 2013 por Pablo Müller


«Tú ya estabas en mí
por eso fue tan fácil
reconocerte sobre el tapete verde del mundo,»
Antonio Orihuela

Estoy a punto de quedarme sin batería en el teléfono móvil y una angustia remota y conocida se instala en su lugar en el bolsillo. Hace frío. Hace noche. Vengo desde lejos, unos cien kilómetros de pérdida y busco algo para cenar.

Estoy a punto de quedarme sin tardenoche en la ciudad donde nací y es enero y este mes me cruza los colores del rojo para un paseo hambriento: «Tú ya estabas en mí, por eso fue tan fácil reconocerte…»


Estoy a punto de quedarme sin saldo de palabras, sin saldo de lenguaje, porque alrededor del retraso y de la lluvia con coches hay lenguaje con perro. Temo tanto a los perros. Y tú lejos.

Estoy a punto de quedarme sin voz, afónico en una madrugada de nieve en Gornji Vakuf, afónico en una madrugada con ginebra frente a la playa negra de marzo. Amo el asfalto de las ciudades contigo, el recuerdo de sus hoteles y tu palabra exacta.


Estoy a punto de quedarme sin noche, sin la respuesta de los escaparates, sin batería, con el fuego de las cancelaciones, sin libro que echarme al entendimiento, encontrada esta idea justo antes de la conciencia, defendiéndome de los perros del lenguaje con una cámara de fotos, esperando diligente el cambio del color de los semáforos, retratando la lluvia para que entre en nuestro idioma y empapar la alimaña que nos asusta.


En viaje entre Vitoria e Iruña, en febrero de 2013 por Pablo Müller


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