domingo, 23 de septiembre de 2012

LA HORA DE SEPTIEMBRE DE PABLO MÜLLER


Las puertas de septiembre en Alaejos por Pablo Müller

La hora del septiembre de Pablo Müller camina ahora distinta, en su desfase
acumula el retraso que acaparan los guardianes de la arena
cuando llegan los finales con verano.

Ha desaparecido la palabra para el pan,
el musgo no muestra resistencia,
la nación para la incertidumbre ha sido invadida
por sus vecinos, nadie
ha escrito la fecha de los daños
y la llave de la intemperie ha caído
de su bolsillo.

Pablo Müller no se levanta si amanece un sol de piedra verde,
y terco se sienta en la orilla equivocada
del silencio
si por un casual llueve en el sur de su cuerpo,
no es agua sino días lo que le empapa
el olvido.

La ciencia oficial es la mejor pagada,
— dice Pablo Müller —
la edad de la persona es la suma
de las edades de sus enemigos,
— dice Enrique Falcón —
la ciencia mejor pagada prospera lejos, muy lejos
de los problemas de las personas,
— dice Isidoro Reguera —



Las puertas de septiembre en Alaejos por Pablo Müller


La hora del septiembre de Pablo Müller
tiene menos minutos de lo convenido,
el pan no tiene voz y se aprende
antes la palabra hambre en la escuela hecha esquina.
No fechan los daños los biógrafos
y las llaves se esconden lejos de los dedos delgados.
La ciencia lo llama “anomalías”,
la mujer que habla a las nueve lo llama “incidentes”,
y la hora del septiembre pierde más minutos
a cada minuto que pasa: dos por uno,
por cada dos un tercero de regalo:
— gangrena para la iglesia,
paga extra para la policía —

Una hora de septiembre que revienta
bajo la rueda de nuestra excavadora,
removiendo los cadáveres en las zonas verdes
de los hospitales.



Las puertas de septiembre en Alaejos, Valladolid, por Pablo Müller



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