domingo, 18 de marzo de 2012

MI PADRE ME ENSEÑÓ


Roble en Marañón, por Pablo Müller


«Mi padre me enseñó que la flor puede contemplarse tanto con ojos de insecto como de entomólogo, y que no existe una razón última para privilegiar una de ambas perspectivas.»
Jorge Riechmann


A Decir No. A Trabajar Duro. A Defenderse. A Hacer Cemento. Defender A Los Más Débiles. Cortar Leña. A Cuidar A Los Pequeños. Usar La Azada. Respetar. A Reparar. Gozar. Mirar Con Compasión. A Volver A Usar.

Bosque  de encinas en Marañón, por Pablo Müller

«Mi padre me enseña que tenemos que inventar a ese padre con dolor y sin ferocidad, un padre que nos invente.»
Jorge Riechmann


Contamos diez cebollas en la huerta,
nueve manzanas calientes de mañanas,
ocho hachazos en los leños de la encina,
— el sudor del padre y sus ojos cerrados —
siete surcos para drenar el agua del riego,
seis paladas de arena por dos de cemento,
cinco gritos por hora clamando aplicación,
— no te escondas, no te escapes —
cuatro piedras con las aristas de sangre,
tres hijos vivos, dos hermanos supervivientes,
el padre único, al amparo del dolor,
— el peso de la vieja vida,
un paso de danza que se ejecuta sin pareja —

Desbrozamos, con su compasión, la maraña
violenta, el ruido agreste, cercamos el miedo,
antiguo y tosco, y limpio el camino
mostramos la salida del daño, ánimo,
enérgica despedida: no
— al padre no, a nosotros no —
con el no, esa sílaba esencial,
inventamos al padre sin noticia,
el padre nos inventa por fin.




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